salud comunitaria

"if the major determinants of health are social, so must be the remedies" Michael Marmot


Deja un comentario

Stardust memories (V): Darjeeling Limited

Publicado en Contemporáneos, noviembre 2007

TD_4968

 

Hotel Chevalier
The Darjeeling Limited

Alguna vez se me escurrió también un niño entre los dedos. Era estudiante aún, el niño se llamaba Melanio y vivía en Tariquía. La familia nos pidió que fuéramos a verlo a casa y que tratásemos de hacer algo. El rostro era un dolor. Recuerdo perfectamente los párpados y los labios. Dolían. Lo agarramos fuerte para que no se fuera contra las piedras, pero no teníamos suficiente fuerza en los dedos ni en la cabeza ni en los antibióticos ni en los fármacos ni en nada para bajar la fiebre y domar los roncus.
También tuve varios hermanos y desaparecieron. Y también hicimos viajes para encontrarnos y perdernos de nuevo otra vez. A veces fingimos reecuentros o reuniones simuladas e hicimos señas raras con los dedos para reconocernos conversaciones lugares comunes sigues fumando o no has cambiado nada o sigue la casa del pueblo o cómo están tus padres o tus hermanas o llevas las mismas gafas o está todo tan diferente o cómo has crecido o menguaste o qué pronto anochece ahora o dame tu teléfono y nos llamamos o es una pena encontrarnos sólo en situaciones así pero al menos siempre tan muertos de risa por todo.
Y también tomamos varias veces el Darjeeling Limited y nos movíamos despacio pero tan ágiles saltando en los vagones, dejando atrás pasajeros o desechando maletas, volviendo de madrugada intoxicados o partiendo a las siete de la tarde un viernes y tu aplastándome el pelo. O simplemente esperamos el Darjeeling Limited en los andenes aquellos en los que componíamos música mirando al cielo y simultaneando las nubes como notas en el pentagrama de cables que chirriaba y el viaje a veces nos llevó años lejos de casa para llamarnos de otra forma y que nos besaran en otro idioma y también desnudos en habitaciones en París fumando Gitanes y chillando en Ars et Métiers y otros años el viaje era aquí en la mesa del estudio en trayectos cortos entre los lápices y la mancha del café y la sombra del visillo y el plato lleno de migas y el teléfono y esa sensación de nuevo en casa tanto tiempo viajando para ahora sin palabras por fin entender casi algo de nuevo al fin. Pero ese casi siempre nos salva revistiéndonos el misterio.

 

 


Deja un comentario

Stardust memories (IV): me acuerdo

Publicado en Contemporáneos, enero 2012

“Convencido de que el recuerdo lo guarda todo y no solamente a las Albertinas y a las grandes efemérides del corazón y los rincones, me obstinaba en reconstruir el contenido de mi mesa de trabajo en Floresta, la cara de una muchacha irrecordable llamada Gekrepten, la cantidad de plumas cucharita que había en mi caja de útiles de quinto grado, y acababa temblando de tal manera y desesperándome (porque nunca he podido acordarme de esas plumas cucharita, se que estaban en la caja de útiles, en un comportamiento especial, pero no me acuerdo de cuantas eran ni puedo precisar el momento justo en que debieron ser dos o seis), hasta que la Maga, besándome y echándome en la cara el humo del cigarrillo y su aliento caliente, me recobraba y nos reíamos, empezábamos a andar de nuevo entre los montones de basura en busca de los del Club”

Julio Cortázar. Rayuela
A modo de plagio infame del “Me acuerdo” de Georges Perec

 

I

Me acuerdo que en la esquina de la cocina, al lado de la ventana, había un cubo de jabón lleno de indios, vaqueros y soldados.

II

Me acuerdo que la esquina de mármol de la mesa de la cocina estaba rota.

III

Me acuerdo que la panera era de color rojo

IV

Me acuerdo de la tapa de plástico negro que cubría la radio encima de la nevera.

V

Me acuerdo de las dos ruedas de la radio: la grande para sintonizar, la pequeña para dar volumen

VI

Me acuerdo de la luz de julio en el edificio de Zoila.

VII

Me acuerdo del color del chal que gastaba mi abuela, pero no he recordado nunca la palabra que se ha designado para nombrar ese color.

VIII

Me acuerdo de mi abuelo sentado a los pies de mi cama. Yo estaba enfermo. El me prometió mi primera bicicleta

IX

Me acuerdo del azucarero rojo encima de la mesa de la cocina.

X

Me acuerdo de una camiseta amarilla, con mi nombre impreso encima del dibujo de un avión.

XI

Me acuerdo de la alfombra encarnada de la salita y de los relieves que hacía y cómo nos servían para jugar con los vaqueros.

XII

Me acuerdo del camino del colegio en el autobús: de un arrabal triste en Contrueces. Siempre que pasaba por allí pensaba en un nombre. Siempre que pasaba por allí sonaba en mi cabeza la misma canción

XIII

Me acuerdo de verme a mi mismo mirando a mi abuelo dormir la siesta apoyado en la silla contra la ventana.

XIV

Me acuerdo del olor del quinto en República Argentina. Concretamente el olor de las novelas que había en la estantería de la habitación donde dormía.

XV

Me acuerdo que un verano cazamos hasta cuarenta y cinco moscas en un día.

XVI

Me acuerdo de casi todos los títulos de los diez libros de Julio Verne que teníamos en el salón. El primer era “Veinte mil leguas de viaje submarino”, el último “Los hijos del Capitan Grant”. Me acuerdo que poníamos el nombre y la edad a nuestros libros.

XVII

Me acuerdo la primera vez que me hicieron llorar en el colegio.

XIX

Me acuerdo de mis primeras gafas y cómo me las puse por la cabeza como si fueran un sombrero.

XX

Me acuerdo de las esquinas de la Avda de Schultz y de Manuel Llaneza donde pronunciaba la palabra Inyen.

XXI

Me acuerdo de una luna del mes de agosto y del viento soplando a la orilla del río en un pueblo de Castilla.

XXII

Me acuerdo de la primera vez que estuvimos juntos.

XXIII

Me acuerdo de la última vez que estuvimos juntos.

XXIV

Me acuerdo de las nubes en Uig y del menú en el pequeño restaurante en el puerto.

XXV

Me acuerdo que durante muchos días, de pequeño, se repetía la misma pesadilla: un monstruo salía detrás de las cortinas de un recibidor viejo y me asustaba. Siempre me despertaba llamando a mi madre.

XXVI

Me acuerdo que mi madre no dejó de venir a la habitación ni una sola noche.

XXVII

Me acuerdo que me acariciaba el pelo y me decía: “Tranquilo hijo, tranquilo, sólo era un sueño”

XXVIII

Me acuerdo de los gatos y del patio interior de la buhardilla.

XXIX

Me acuerdo de la canción que me venía obsesiva a la cabeza la noche del día antes de examinarme.

XXX

Me acuerdo de las sillas del Arango, del Robledo y del Maria Cristina.

XXXI

Me acuerdo de cómo se veía el mar desde la casa de Arguero y como picaba la hierba recién segada en las piernas y en los brazos.

XXXII

Me acuerdo de la luz en aquel edificio en Lisboa. Y me acuerdo que era la misma que había visto crecer en Zoila.

XXXIII

Me acuerdo cuando naciste y te tuve en brazos y cómo me miraste y cómo se me puso el pecho.

XXXIV

Me acuerdo del papel en el fondo de los cajones de la habitación en Villamediana. Me acuerdo de las citas de canciones que escribía de adolescente.

XXXV

Me acuerdo del tacto de las maderas del Pont des Arts y de cómo olían las luces.

XXXVI

Me acuerdo del mar.

XXXVII

Me acuerdo de la arena y de las balsas que construíamos, veranos interminables, en la orilla.

XXXVIII

Me acuerdo de Liquerique saltando olas y luego bebiendo cerveza en el Cantábrico.

XXXIX

Me acuerdo del olor a tiza y goma de borrar y papel que tenían las clases.

XL

Me acuerdo de comprar el Hatful of Hollow de Smiths en Paradiso. Era diciembre, hacia frío, llovía, llevaba una gabardina vieja, era feliz.

XLI

Me acuerdo de tu cara en el sofá, era feliz.

XLII

Me acuerdo de tu cara en el coche, era feliz.

XLIII

Me acuerdo de Primera Memoria y del color que debía tener una parte del mundo que yo aún no sabía.

XLIV

Me acuerdo de todos los objetos que había en la mesa de un bar en Plaza España, Maó, en una tarde de septiembre, lloviendo.

XLV

Me acuerdo cuando Dana Andrews encendió el foco del despacho de interrogatorios para preguntarle a Gene Tierney qué estaba pasando.

XLVI

Me acuerdo de los viajes al sur con mi padre

XLVII

Me acuerdo de los domingos en la nave, el olor a serrín, la oficina y los muebles llenos de polvo.

XLVIII

Me acuerdo una mesa redonda con tapete verde y un cristal partido donde cenábamos.

XLIX

Me acuerdo de sábado cine. Y de Hitchcok. Y del Fantasma de la Ópera. Y de La Vida Secreta de Walter Mitty. Y del Temible Burlón. Y de Horizontes de Grandeza. Y de Río Bravo y la escupidera. Y de un Lugar en el Sol.

L

Me acuerdo que el primer libro de Rayuela que tuve olía a ambientador de coche.

LI

Me acuerdo de la última vez que vimos juntos My fair lady.

LII

Me acuerdo que ninguno de los dos queríamos que la película terminase nunca, nunca

LIII

Me acuerdo que me dijiste: Hijo, estoy cansado, mejor la dejamos aquí y la vemos mañana.

LIV

Me acuerdo que al día siguiente no despertaste más.


Deja un comentario

Stardust memories (III): Smara. Sasa

(Sasa. Niña saharaui en el exilio.
El pueblo Saharaui viviendo 40 años en el exilio)

Se levanta y se sienta de nuevo sobre sus piernas dobladas.
Escribe solemne
en su cuaderno de tapas de árboles y azulejos de colores.
Sonríe y levanta los ojos como lunas
que velan los gorriones
con el pecho ajetreado de amatistas.
Así hace, sin quererlo, si la llamas por su nombre Sasa.

Escribe en silencio.
Y la tinta sale de sus manos bajando al suelo
escapándose como una planta de luz con flores hacia el techo.
Se levanta de nuevo. Como una princesa eterna.
Come en silencio. Mueve las manos sobre el plato
haciendo girar el arroz.
Y la boca es un sacramento bajo los ojos.
Callada como el desierto se despide.
Nos da las buenas noches.

Se tumba en el suelo de la haima.
Vestida con el collar de cuentas azules
nombrando su cuello con oraciones ocultas.
Se tumba en el suelo y duerme.

Con el vestido que vive sueña.

Y sueña que vuelve del mar. Que es una niña sirena
y que el océano unge su cuerpo con algas y estrellas,
trenzas en peces turquesas, caballitos y nomeolvides.
y descubre en sueños un agujero en la costa,
Un sendero río arriba para que su pueblo acierte
Por fin
El camino de vuelta a casa

 

 

SAHARA DAKHLA 2  M.ROJAS

 

Fotografía de Mario Rojas


1 comentario

Stardust memories (I)

En 1998, en el primer curso que dio X. trabajando en drogodependencias, una mujer le dijo.
– Ustedes son un poco insistentes con el tabaco. Trabajo más de diez horas al día y apenas tengo tiempo libre. No sé. Yo no soy una experta en esto, pero si viviera mejor estoy segura que fumaría menos. Estando como estoy encima para quitarme esto.
Cuatro años antes mientras X. trabaja en un piso de acogida a sin techo, El Chato le había dicho, profundamente triste y borracho.
– Me gusta mucho fumar. Estando como estoy, el cigarrillo es mi amigo, me acompaña, hace que no me sienta solo, hablo con él, nos contamos.

 

Urban Design

Urban Design

 

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 233 seguidores