salud comunitaria

"if the major determinants of health are social, so must be the remedies" Michael Marmot


Dejar un comentario

Cambio de planes número 7

Artemio Rulán.
Del libro “Los gorriones de Artemio Rulán”


The dreams you left behind- Micah P. Hinson
A bird on a wire – Leonard Cohen
Número 7 – Quique González

.

El concierto de Micah P. Hinson del domingo en el FIB coincide casi con el de Cohen. No vamos a poder ver los dos. No sé que hacer. Quizás podemos fugarnos de todas formas, pasar del concierto y del trabajo el lunes y luego desde la costa mediterranea pillar un barco a Estambul a leer a Orhan Pamuk. Mira. Alquilamos una casa en Beyoglu. Tu pasearás algunos días por las calles y los mercados, te asomarás a los zaguanes y a los puentes. Esos días yo me los pasaré fumando en la ventana o tumbado en la cama esperando a que vuelvas. Cuando vuelvas te desnudarás a mi lado y desnuda me susurrarás al oido todo lo que has visto. Me harás el amor. No te lo haré yo. Me lo harás tu. Luego me levantaré y mientras duermes escribiré un poema. Sólo un poema cada noche. Bajaré a ciertos bares. Negociaré. Beberé. Entraré en ciertas puertas prohibidas. Venderé mi poema al mejor postor. Con la mitad del dinero te compraré flores en el primer mercado, al amanecer. Con el resto del dinero compraré pan. Volveré a casa. Te despertaré y haremos el amor. No me lo harás tu ni te lo hare yo. Lo haremos juntos. Y al terminar te contaré al oido mi poema. Aunque el poema haya sido vendido tu lo guardarás siempre en el corazón. Te lavarás la cara en el baño y bajarás de nuevo al mundo a traerme todas las palabras que necesitamos para seguir vivos.

.


Dejar un comentario

Cartas

(recuerda: “Nos mudamos”)

Florentina Resteiro. De las cartas a Artemio Rulán.
Del libro “Los gorriones de Artemio Rulán”

.

Mi estimado:
Me gustó mucho esa idea tuya de que a partir de ahora escribirías por mi y que incluso tratarías de escribir como yo. Tierno.
Siempre te han caracterizado unas ideas, no sé como decirles, brillantes sea manido, unas ideas que siempre nos han acabado medio enamorando a todos: aquella huelga a la inversa de lectura que propusiste con todo el pueblo tomando las calles con un libro y leyendo solitarios y callados, hermosos, en los parques y bancos, el pelo revuelto, en sillas de tijera o en los bordillos sentados, con la espalda contra las paredes, una protesta silenciosa, individuales pero colectivos, uno y todos a la vez, con un libro abierto a plena luz con la única protesta de un libro abierto como única bandera.
Claro. Cómo no iba a gustarme esto que me dices ahora esto de que a partir de ahora ibas a escribir sólo cómo yo hablo o como yo te digo a veces, utilizar mis giros o mis malas puntuaciones o mis malas costumbres o mis palabras indebidas o mis expresiones torpes. Cómo no iba a gustarme eso de que tu oficio de ahora en adelante va a ser además del mar llenar papeles y papeles para juntar en ellos mis tristezas o mis desgracias para como en una cinta pegajosa reunir todas esas desdichas, esta soberbia melancolía que tengo en los puños, llevártela toda en borrador a tu pluma y a tu máquina de escribir, imitando un ruido torpe de inventores medievales, un gastado propósito de ruedas y ceniceros que me dices, pero con el único propósito de dejarme la luz entera para el día, la luz entera para mi boca me dices y para sólo tener mi ñoaranza, aquí mecida, en este espejo de letras que te vas empeñando en rellenar a fuerza de tanto escribirme Rulán, a fuerza de tanto amarme el espíritu y el vientre Rulán.

.


Dejar un comentario

La despedida

Luis Alberto de Cuenca. Los mundos y los días.
Colección Visor de Poesía

.

Mientras haya ciudades, iglesias y mercados,
y traidores, y leyes injustas, y banderas;
mientras los ríos sigan vertiendo su basura
en el mar y los vientos soplen en las montañas;
mientras caiga la nieve y los pájaros vuelen,
y el sol salga y se ponga, y los hombres se maten;
mientras alguien regrese, derrotado, a su cuarto
y dibuje en el aire la V de la victoria;
mientras vivan el odio, la amistad y el asombro,
y se rompa la tierra para que crezca el trigo;
mientras tú y yo busquemos el medio de encontrarnos
y nuestro encuentro sea poco más que silencio,
yo te estaré queriendo, vida mía, en la sombra,
mientras mi pecho aliente, mientras mi voz alcance
la estela de tu fuga, mientras la despedida
de este amor se prolongue por las calles del tiempo.


Dejar un comentario

El rumbo de tus sueños

¿Qué es echar de menos?¿Qué es añorar?¿Existe la ñoaranza? Si existe ¿por qué sólo se ha descrito en un libro desclasificado? ¿Es posible no querer ser más que un trozo de charco o bordillo?¿sólo, solo, un trozo de acera y de cielo empañado?¿Nos conmueven los gorriones?¿Es posible sentir nostalgia de un lugar en el que nunca has estado?¿Y de un cuerpo que no has atravesado ni atravesarás?¿Esta transparencia en el pecho es nostalgia? El cuerpo frente al mar, aquel hombro de sal ¿son nostalgias?¿Existe lo que no se ha vivido?¿Qué significa “vivir” algo?¿Es posible quedarse asi – Turabian citando a Cezanne- moviendose solo un poquito a izquierda y a derecha observando el mundo?¿Dónde van a ir a parar estas manos?¿Te han emocionado alguna vez?¿Por qué nunca lo has contado?¿Por qué duelen aquellos trenes que tomabamos al alba en sentido contrario?¿Al final de todo con qué nos quedaremos?¿Qué historias vamos a poder contar?¿Hablas con el corazón?¿Hablas?


Dejar un comentario

Momento

Juan- Eduardo Cirlot. Poesía (1974)
Poema escogido por Luis Alberto de Cuenca en Centuria.
Colección Visor de Poesía.

.

Mi cuerpo se pasea por una habitación llena de libros y de
espadas y con dos cruces góticas;
sobre mi mesa están Art of the European Iron Age y The Age of Plantagenets and Valois, aparte de un resumen de la
Ars Magna de Lulio.

Las fotografías de Bronwyn están en sus carpetas, como
tantas otras cosas que guardo (versos, ideas, citas, fotos).

Si ahora fuera a morir, en esta tarde (son las 6) de finales
de mayo de 1971, y lo supiera de antemano,
no me conmovería mucho, ni siquiera a causa del poema
“La Quête de Bronwyn” que está en imprenta.

En rigor, no creo en la “otra vida”, ni en la reencarnación,
ni tengo la dicha (menos aún) de creer
que se puede renacer hacia atrás, por ejemplo, en el siglo XI.

Sé que me espera la nada, y como la nada es
inexperimentable, me espera algo no sé dónde ni cómo,
posiblemente ser en cualquier existente como ahora soy en
Juan-Eduardo Cirlot.

Mi cuerpo me estorbaría y desearía la muerte – ¡ah, cómo
la desearía!-si pudiera
creer en que el alma es algo en sí que se puede alejar
e ir hacia los bosques estelares donde el triángulo invertido
de los ojos y la boca de Rosemary Forsyth
me lanzaría de nuevo a la tierra de los hombres, porque en
esta vida no he sabido o no he podido
trascender la condición humana, y el amor ha sido mi
elemento,
aunque fuese un amor hecho de nada, para nada y
donde nunca.

Estoy oyendo Khamma de Debussy, que, sin ser uno de mis
músicos favoritos (éstos son Scriabin, Schönberg y otros)
no deja de ayudarme cuando estoy triste, que es casi
siempre.

Mi tristeza proviene de que me acuerdo demasiado de
Roma y de mis campañas con Lúculo, Pompeyo o Sila,
y de que recuerdo también el brillo dorado de mis mallas
doradas en los tiempos románicos,
y proviene de que nunca pude encontrar a Bronwyn
cuando, entonces, en el siglo XI,
regresé de la capital de Brabante y fui a Frisia en su busca.
Pero, pensándolo bien, mi tristeza es anterior a todo esto,
pues cuando fui en Egipto vendedor de caballos,
ya era un hombre conocido por “el triste”.

Y es que el ángel, en mí, siempre está a punto de rasgar el
velo del cuerpo,
y el ángel que no se rebeló y luchó contra Lucifer, pero
más tarde
cedió a las hijas de los hombres y se hizo hombre,
ese ángel es el peor de los dragones.

.


Dejar un comentario

Lupe

Roberto Bolaño, Los Perros Románticos. Editorial El Acantilado.

.

Trabajaba en la Guerrero, a pocas calles de la casa de Julián
y tenía 17 años y había perdido un hijo.
El recuerdo la hacía llorar en aquel cuarto del hotel Trébol,
espacioso y oscuro, con baño y bidet, el sitio ideal
para vivir durante algunos años. El sitio ideal para escribir
un libro de memorias apócrifas o un ramillete
de poemas de terror. Lupe
era delgada y tenía las piernas largas y manchadas
como los leopardos.
La primera vez ni siquiera tuve una erección:
tampoco esperaba tener una erección. Lupe habló de su vida
y de lo que para ella era la felicidad.
Al cabo de una semana nos volvimos a ver. La encontré
en una esquina junto a otras putitas adolescentes,
apoyada en los guardabarros de un viejo Cadillac.
Creo que nos alegramos de vernos. A partir de entonces
Lupe empezó a contarme cosas de su vida, a veces llorando,
a veces cogiendo, casi siempre desnudos en la cama,
mirando el cielorraso tomados de la mano.
Su hijo nació enfermo y Lupe prometió a la Virgen
que dejaría el oficio si su bebé se curaba.
Mantuvo la promesa un mes o dos y luego tuvo que volver.
Poco después su hijo murió y Lupe decía que la culpa
era suya por no cumplir con la Virgen.
La Virgen se llevó al angelito por una promesa no sostenida.
Yo no sabía qué decirle.
Me gustaban los niños, seguro,
pero aún faltaban muchos años para que supiera
lo que era tener un hijo.
Así que me quedaba callado y pensaba en lo extraño
que resultaba el silencio de aquel hotel.
O tenía las paredes muy gruesas o éramos los únicos ocupantes
o los demás no abrían la boca ni para gemir.
Era tan fácil manejar a la Lupe y sentirte hombre
y sentirte desgraciado. Era fácil acompasarla
a tu ritmo y era fácil escucharla referir
las últimas películas de terror que había visto
en el cine Bucareli.
Sus piernas de leopardo se anudaban en mi cintura
y hundía su cabeza en mi pecho buscando mis pezones
o el latido de mi corazón.
Eso es lo que quiero chuparte, me dijo una noche.
¿Qué, Lupe? El corazón.

.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 3.422 seguidores