Hombre mirando al sudeste. Tremendo film de Eliseo Subiela de 1986 (que pasó bastante desapercibido en su momento y que posteriormente fue plagiado por el cine USA).
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(1) en la escalera
ayer noche, recordado vía @sandopen
“La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que no bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde y explota como fuegos artificiales amarillos, como arañas entre las estrellas”
Jack Kerouac. On the Road
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(1) en la escalera
Los ricos iracundos. Articulo de Paul Krugman publicado en el NYT. Leido en EL PAIS 26/09/2010. Traducción de News Clips
La ira está barriendo EE UU. Es cierto que esta cólera candente es un fenómeno minoritario, no algo que caracterice a la mayoría de nuestros conciudadanos. Pero la minoría iracunda, constituida por personas que sienten que les están arrebatando cosas a las que tienen derecho, está realmente iracunda. Y clama venganza.
No, no me refiero a los conservadores del Tea Party. Hablo de los ricos.
Estos son tiempos terribles para mucha gente en EE UU. La pobreza, especialmente la pobreza extrema, se ha disparado durante la crisis económica; millones de personas han perdido su hogar. Los jóvenes no pueden encontrar trabajo; los cincuentones despedidos temen no volver a trabajar nunca más.
Pero si quieren ustedes encontrar auténtica cólera política -la clase de cólera que hace que la gente compare al presidente Obama con Hitler o lo acuse de traición-, no la encontrarán entre estos sufridos estadounidenses. En cambio, la encontrarán entre los muy privilegiados, gente que no tiene que preocuparse por perder su trabajo, su casa o su seguro médico, pero que se siente indignada, indignadísima, ante la idea de pagar impuestos ligeramente más altos.
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(2) Calle
- [At Bird's trial]
- Ilene: And what is your occupation?
- Omar: Occupation?
- Ilene: What exactly do you do for a living, Mr. Little?
- Omar: I rip and run.
- Ilene: You…
- Omar: I robs drug dealers.
- Ilene: And exactly how long has this been your occupation, Mr. Little?
- Omar: Well, I don’t know exactly. I venture to say maybe ’bout eight or nine years.
- Ilene: Mr. Little, how does a man rob drug dealers for eight or nine years and live to tell about it?
- Omar: Day at a time, I suppose.
(1) En la escalera
La vida instrucciones de uso.
Primera parte. Capítulo 1. En la escalera, 1
Georges Perec
“Sí, podría empezar así, aquí, de un modo un poco pesado y lento, en ese lugar neutro que es de todos y de nadie, donde se cruza la gente casi sin verse, donde resuena lejana y regular la vida de la casa. De lo que acontece detrás de las pesadas puertas de los pisos casi nunca se percibe más que esos ecos filtrados, esos fragmentos, esos esbozos, esos inicios, esos incidentes o accidentes que ocurren en las llamadas «partes comunes», esos murmullos apagados que ahoga el felpudo de lana roja descolorido, esos embriones de vida comunitaria que se detienen siempre en los rellanos. Los vecinos de una misma casa viven a pocos centímetros unos de otros; los separa un simple tabique; comparten los mismos espacios repetidos de arriba abajo del edificio; hacen los mismos gestos al mismo tiempo: abrir el grifo, tirar de la cadena del wáter, encender la luz, poner la mesa, algunas decenas de existencias simultáneas que se repiten de piso en piso, de casa en casa, de calle en calle. Se atrincheran en sus partes privadas —que así se llaman— y querrían que de ellas no saliera nada, pero lo poco que dejan salir —el perro con su correa, el niño que va por el pan, el visitante acompañado o el importuno despedido— sale por la escalera. Porque todo lo que pasa pasa por la escalera, todo lo que llega llega por la escalera: las cartas, las participaciones de bodas o defunciones, los muebles que traen o se llevan los mozos de las mudanzas, el médico avisado urgentemente y el viajero que regresa de un largo viaje. Por eso es la escalera un lugar anónimo, frío, casi hostil. En las casas antiguas había aún peldaños de piedra, barandillas de hierro forjado, esculturas, grandes hachones, a veces una banqueta entre piso y piso para que descansara la gente mayor. En las casas modernas hay ascensores con las paredes llenas de graffiti que quieren ser obscenos y escaleras llamadas «de socorro» de cemento desnudo, sucias y sonoras. En esta casa, en la que hay un ascensor viejo, casi siempre averiado, la escalera es un lugar vetusto, de una limpieza sospechosa, que se degrada de piso en piso siguiendo las convenciones de la respetabilidad burguesa: dos espesores de alfombra hasta el tercero, uno luego y ninguno en las dos plantas que están debajo del tejado.
Sí, empezará aquí, entre los pisos tercero y cuarto del número 11 de la calle Simon–Crubellier…”

