(VIII) Salud Comunitaria en Imágenes por Alba González


Alba González Sanz. Estudiante de Filología. Responsable del Colectivo Cultural Hesperya

smog, ciudad

Lo llaman smog, pero es mucho más sencillo: no hay oscuridad en la ciudad, es imposible hablar de mantos negros cubriéndote mientras duermes. Porque claro, duermes. En este cuarto pequeño, caluroso. Yo no sé qué será de nosotros porque al atardecer, algunos días de especial empuje del sol, el horizonte se ve sucio. Y cómo hacer planes, entonces, si no puedo mirar adelante y vernos sin bruma de arena matizando las dudas. Llega la noche y tú duermes, no padeces desvelo, no te afectan los barrenderos justo al rozar la media noche, los gritos de la calle. No te ciega esta luz, esta luz en horas de brecha que vuelve el cielo dorado, rojo, arrebatadoramente brillante, contaminado… mis noches de insomnio. Ya lo sé amor, no sirve escrutar el cielo para conocer futuros. A cinco kilómetros el aeropuerto, la luz roja intermitente de los aviones comerciales (y desde arriba, en el asiento, la sensación de fuga, de catástrofe, de soledad). He puesto la radio muy bajito, muy suave. Descubro que Madrid sufre estos días mareas de arena del desierto; peligrosas, afiladas. Tal vez decidir sea más fácil si bajamos al Sáhara, amor, sin smog, sin contaminación lumínica, sin aviones, sin ruido. Entonces sí, entonces tal vez nada oscurezca el horizonte.

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