Notas para mis residentes (y III)


Remember when the scenary started to fading
I held you till you learned to walk on air

Leonard Cohen

La dulce noche primaveral
Contemplando cerezos en flor
Ha llegado a su fin

Basho


Los muertos circundan a los vivos.
Los vivos son el núcleo de los muertos.
En este núcleo se encuentran las dimensiones del tiempo y el espacio.
Lo que rodea al núcleo es infinitud.

John Berger. Con la esperanza entre los dientes

Don´t panic- Coldplay


En julio iniciaba las primeras notas que, pienso, utilizaréis y sentiréis razonables. El ánimo, como en las anteriores, no es docente, simplemente trataba de  ordenar palabras y hacer un andamiaje de sensaciones, cierto ánimo en el crecer y  en el convencimiento de que tras muchas rotaciones , haber compartido cursos y paseos gijoneses, consideramos algo inmutable, paradójicamente inmutable: la belleza de lo efímero. Tan, tan efímero que hasta hoy no ha aparecido publicado en ninguno de los manuales al uso. El acontecimiento inicial de las notas, sabéis, es que el gorrioncito ese de las fotos de arriba, pertrechado en su abrigo, niña-con-puente-sobre-río, soñadora y vigilante de su hermano,  nos dejó de volar por estas tierras para iniciar vuelos en cielos mayores. La belleza de lo efímero, decía. Fin de año y , porque sé que os han gustado, fin también de notas:


“Todavía no ha cerrado correctamente la herida en la interfalangica distal de mi segundo dedo en mano derecha.
No rompían bien las ampollas de midazolam. No tuve problemas con el haloperidol, la buscapina o el primperan o la morfina, pero las de midazolam se me resistían. Al abrir la segunda me corté el dedo.
David me hizo un vendaje rápido. Una herida totalmente leve, pero de la que manaba un hilo suave, continuo, que empañaba la gasa y que no dejó de empaparla durante dos días. Como en aquel cuento de los muñones de alas -vestigios de aire- de aquel hombre que volvía del exilio. Quizás el dedo se abrió más fácilmente al tener desgastada la piel de tanto acariciar esa semana de julio. Acariciando tan cerca y acariciando tan lejos.
Nunca tuve una buena encarnadura. Determinados períodos de mi vida, algunos sucesos, triviales la mayoría, los recuerdo por pequeñas cicatrices que tardaban en cerrar más de lo habitual. Es fácil de todas formas contemplar el paso del tiempo, observar ciertos signos, en heridas físicas. Se vuelve mucho más complicada la observación de lesiones en otras geografías no físicas: síntomas más sutiles, de más difícil interpretación.

Antes de entrar en la habitación, con Andrés, le explicaba la importancia de los domicilios, la entrada en las casas, sentarse, mirar, escuchar, compadecerse.  Sentir. La emoción y el conocimiento en las manos. Le miré. Sin ánimo de nada , sin afán, simplemente porque tenía que ser dicho y porque hay cosas que no debemos callarnos, le expliqué: “Mira, te va a parecer extraño que te cuente ésto con nuestro gorrión aquí medio dormido. Quizás también es por mi falta de sueño de estos días, pero todo lo que vas a oír a partir de ahora no se te va a olvidar nunca. No lo leerás en ningún sitio y no lo sentirás tanto como lo vas a sentir hoy. Quizás cuando te enseñe la palomilla o cómo es necesario poner la medicación o poner la mano en la frente y susurrar bajito al oído cosas no publicadas en el lancet, te emociones y llores. No te preocupes. Eso forma parte del aprendizaje. Así aprenderás mucho mejor. En esta profesión es bueno reirse y también saber llorar. El acompañamiento final. Iniciar un proceso de despedida del cuerpo, de nuestro gorrión, ayudarla a despedirse, sin dolor, tranquila, despedirse de su barrio, de los suyos, de nosotros…”.

(En el cierre de algunas heridas, en las físicas, pero sobre todo en  brechas de otras geografías más imperfectas, podrás comprobar el significado de ciertas palabras. El significado lo comprenderéis por vosotros mismos. Lo tendréis que comprender por vosotros mismos. Sigue siendo todo cuestión de gramática: ser sujetos y no objetos, escribir uno mismo las oraciones,  marcar interrogantes, poner el acento en el hombre…).

(Cuando el gorrión dejó de respirar el viernes por la tarde nos convertimos en cuerpos abrazadores y abrazados. Un bellisimo espectáculo de cuerpos en una habitación, llorando, pasándonos emociones unos a otros, entregados, derramados, lanzando las manos y las bocas, mojando con lágrimas a nuestro gorrión para que supiera encontrar bien el camino de regreso)


(Cuando el gorrión dejo de respirar el viernes, finalizadas las despedidas, nos escapamos Andres, David y yo. A los dos les tuve de pequeñitos en brazos. Fuimos creciendo juntos. Me pasan la cabeza ya. Ahora hablamos de medicina, pero sobre todo hablamos de la vida. Nos fuimos cerca de la playa a beber cerveza y a brindar. Míticos, contemporáneos, a llenar ceniceros de conversaciones y hormigas blancas, a levantar las botellas y mirarnos emocionados al pronunciar el nombre del gorrión).


En el cierre de esta herida del dedo algún territorio de mi cuerpo ha crujido como deben crujir ciertos barcos viejos al cambiar rumbo, como debe de crepitar algún punto de sus geografías al cambiar su destino. No una variación de estados de ánimo, simplemente un crujido en las tablas, un chasquido seco en el Pequod señalando que algo, de repente, ha cambiado para siempre (como hace veinte años cuando una mujer se puso a hablar en una sala llena de humo o como cuando una niña en Tariquía me pedia a la luz de la vela, en una escuela boliviana, que no dejara de contarle cuentos).


(Ha terminado una estación. Es el fin de una estación. Primavera, verano, otoño, invierno…y primavera. La despedida de escenarios que acompañaban desde la infancia, las manos que guiaban a los niños miopes por el barrio o las manos que cedían migrañas al amanecer. Un agujero en el suelo y la cabeza gritando nombres para despedirse. Los lugares por los que nunca volveremos a pasar. Aprender a caminar en el aire.  Comprobar aquello de que el tiempo puede ir tan rápido que incluso se pueden cumplir y envejecer dos años en uno).

En el cierre de la herida he comprobado la alegría y la tristeza que pueden producir ciertos indicadores en las carreteras, llegar y partir de determinados lugares; la belleza de ciertas persianas, el misterio de ciertas pieles y la certeza de que muchas preguntas se quedarán para siempre sin respuesta. Y mascar el significado de las palabras: “para siempre”. Y medir la palabra compasión, la compasión kunderiana, con estas manos que han acariciado tanto este año. Kilómetros de pieles, de calles y de ciudades acariciadas.

En todo este tiempo en que se ha ido cerrando la herida me he sentido capaz de escribir todas las historias , pero misteriosamente incapaz de vivir ninguna de ellas.
Llevo todavía algo de sal en el dedo
y en el hombro.
No sé de quién son.
No míos.
Luz. Y un dolor, un dolor de una belleza intensa. Dolor color belleza intensa.
No podría decirlo mejor,
porque esto sigue sin ser literatura,
pero creo que todo el mundo cabe
en este trozo de carne

– interfalangica distal segundo dedo mano derecha-

tan triste por vuestra ausencia”.


3 comentarios en “Notas para mis residentes (y III)

  1. Estimado Rafael:

    Me llamo Gustavo Higueruela, y soy el redactor jefe de la Revista e-RAS (www.opinionras.com). Estamos interesados en contactar con usted para hacerle unas breves preguntas, con motivo de un artículo que estamos elaborando sobre los blogs sanitarios más interesantes.

    Puede contactar conmigo en redaccion@opinionras.com

    Muchas gracias.

    Me gusta

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