Eso que no se pregunta


barrio

Fotografía Valentín Sánchez: «Viaje con Vidal a barrios de Madrid»

«Las multitudes tienen respuestas a preguntas que nadie ha formulado aún, y la capacidad de sobrevivir a los muros.
Hoy en la noche, sigan con dos dedos la línea de su pelo (de ella, o de él) antes de dormir»
John Berger. Con la esperanza entre los dientes.

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3 comentarios sobre “Eso que no se pregunta

  1. […] Acabo de leer Maus. Un cómic terrible que, con la aparente inocencia de ser una “historieta” interpretada por ratones, narra la miserable progresión de la segunda guerra mundial y del holocausto judío. La obra fue la primera historia gráfica (y única hasta ahora) que fue reconocida con el Pulitzer. Ante la confrontación de un evento de tal características las preguntas que surgen son recurrentes y creo que las tenemos todos en la cabeza. Lo que más me sorprende en las lecturas de acontecimientos históricos que de críos veíamos muy lejanos es comprender lo terriblemente cercanos que estaban. Al envejecer, lo distante comienza a estar ahí al lado y las historias que contaban los abuelos ya no son algo alejado y ajeno. Uno y su infancia están más cerca de todo eso que de otros asuntos de hace cinco años. Otra pregunta es qué entretenimientos y distracciones cotidianas -mayores o menores, importantes o nimias- se pueden tener en la cabeza para mirar hacia otro lado cuando está ocurriendo algo así. En Europa hace 75 años ( ahí al lado) o en Europa ahora mismo. Qué distracciones podemos generarnos las personas y los países para mirar hacia otro lado. Podría argumentar todo esto con números, infografías, visualizaciones de datos interactivas, artículos que hayan hecho correlaciones acojonantes sobre cómo influyen las crisis en la salud y en las poblaciones, editoriales y columnistas con columnitis (como este mismo post). Pero no me sale de los cojones meter más números y obviedades. Supongo que Auschwitz debería pararse asesinaran a 20 a 200.000. Y lo que pasa en Palestina. Y en Siria. Y en el Egeo. Y. Y. Y. Deberíamos pararnos, parase de detenerse, de quedarse quietos y pararse de ponernos de pie, romper ese listado de cosas menores o mayores que tenemos (aquí cada uno que haga su listado de cosas domésticas, emocionales, políticas, estructurales…), y ver cómo arreglamos de una puta vez esta situación. Pararse todos los jodidos días delante de esta foto para santiguarse quizás sin fe ni dioses, con rabia pero con esperanza, con aquella terrible esperanza entre los dientes de John Berger. […]

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