Estudio de la tristeza en Asturias


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“hubo una epidemia de tristeza en la ciudad”
Joaquín Sabina

El número de actos de declaración ha sido en la totalidad del periodo de 9.247. El número total de casos declarados, con confirmación diagnóstica, desde 1984 al 2006 ha sido de 8.342. Hay que tener en cuenta la subdeclaración y el infradiagnóstico por la sintomatología larvada del cuadro.
Y el miedo.
Por culpa del miedo mantenemos unas tasas similares a las del resto del país. De todas formas, la incidencia ha sido significativamente superior a la incidencia esperada, y de forma global para los 22 años de estudio, más elevada en los meses de febrero, abril y mayo.
El cuadro clínico característico sigue siendo la mancha en las muñecas, esas ganas de adormecer bestias o de dormir en las gasolineras, los paisitos de nadie, exilios en las esquinas y rondas por las manzanas buscando sombras en los escaparates. Sólo un 15% de los casos presentaba alteraciones del sueño. De presentarse fueron característicos los paseos desvelados y con tendencia al llanto por los pasillos, la contención, ganas de esconder arañas y en algunos, pocos, muy pocos, ruines, casos despreciables estadísticamente hablando – sólo un 0,3% – aparecieron las antiguamente mencionadas golondrinas perentorias de las venas. Tema éste último recurrente en todas las series descritas de epidemias similares. Un 1% presentaron tendencia a desatarse los cordones. En estos casos, desatarse y atarse repetidas veces los cordones, era factor de mal pronóstico en la evolución de la sintomatología. El 95% de los casos precisaron ingreso. Un 58% refirió artromialgias y presenta exantemas periféricos, pupilas rotas. Dos, solo dos, franco llanto y pidieron ser excluidos del estudio.
Siete médicos de la red de vigilancia autonómica solicitaron abandonar la vigilancia epidemiológica durante la séptima semana del año 93. La ciudad, no cuantificable obviamente en el estudio, se presentó tristísima en algunos momentos. Un cuadro limpio y perfectamente declarable de tristeza en las calles, poso de sorber lágrimas en los semáforos y ese mar pegado tan a las manos que no se iba con nada. No consentimos, insisto, en cuantificarla como caso declarado. Yo mismo tuve ganas de bostezar en varias ocasiones aparejando gráficas, recolectando números que se convertían en colillas y colillas que se convertían en números. En algunos de los picos de la epidemia también frotamos los ojos en el servicio, nos pusimos nostálgicos en los andenes y nos enamoramos de mujeres imposibles por el simple hecho de tocar la arena que prende en los corazones. La misma que luego dormimos en la boca con palabras monótonas.
Pero hay esperanza. La tendencia de la serie, tanto en las incidencias semanales, trimestrales y anuales, es de clara esperanza. Una tendencia descendente y mantenida de remisión de casos, más relevante desde la vigésimo cuarta semana de 1999. Los buenos resultados en la monitorización de la epidemia nos permiten establecer patrones metodológicos, sensibles y eficaces, apenas sinceros, casi realistas, para mantener la vigilancia del fenómeno en los próximos 25 años.

Del libro “La ñoaranza de Artemio Rulán”

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2 comentarios sobre “Estudio de la tristeza en Asturias

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