¿Copago sí, copago no?


Artículo publicado por JR Repullo , Jefe del Departamento de Planificación y Economía de la Salud de la Escuela Nacional de Sanidad, en el último número de AMF:

Los costes compartidos son un tipo de financiación sanitaria cuya aplicación puede buscar tres propósitos:
recaudatorio (más ingresos), económico (más eficiencia al reducir el uso excesivo e inapropiado que produce el precio cero de servicios personales) y psicosociológico (conciencia de costes); existe un amplio elenco de medidas (copagos, coseguros y deducibles), y de sistemas de modulación de los mismos (para reducir efectos adversos sobre la equidad y la eficiencia).
Todos los países europeos los aplican, especialmente en farmacia, pero también en otros servicios; el artículo revisa los principales copagos en países seleccionados. Dada la asimetría de información, los copagos funcionan mal y no discriminan el uso del abuso; por ello no se aconseja su introducción en las agendas políticas de reforma, y sí se recomienda trabajar por el lado de la oferta (organización e incentivos de servicios sanitarios y médicos). No obstante, su uso selectivo en algunas políticas para reducir el uso excesivo e inapropiado podría considerarse, siempre que se sometiera a pilotaje y evaluación para evitar los efectos adversos sobre equidad y eficiencia.

7 comentarios en “¿Copago sí, copago no?

  1. los copagos de los que están levantando los fantasmas de la privatización… ¿son inocentes? ¿qué hay detrás? ¿por qué tan poquita gente habla, sin embargo, de educación sanitaria? ¿De verdad nos creemos que poniendo una barrera económica va a disminuir el uso inadecuado? ¿quién está detrás del debate -falaz- de la insostenibilidad? ¿estamos en condiciones de dejar que se cuestionen los logros de un SNS que no pregunta por la póliza al entrar en urgencias?

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  2. Parecen unas reflexiones bastante razonables. Muchos ven al copago como la solución a la sobreutilización del sistema sanitario, pero dudo mucho de que fuera a resultar así. Al final habría que habilitar algún sistema para que las personas con pocos recursos se lo pudieran saltar, mientras que a los más o menos pudientes les serviría de refuerzo en su percepción de “donde pago, cago”. Como ya han apuntado antes, lo primero es reforzar la educación sanitaria, incluyendo educar en la utilización responsable del sistema sanitario.

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  3. ahogada entre la marejada de términos técnicos que conozco pero no manejo, no renuncio sin embargo a aplicar la ockhamnavaja y preguntarme, ¿cómo podemos tener el valor de plantear un pago vinculado al uso (más o menos maquillado) respecto a algo cuyo uso no puede escogerse?

    fascinante tema éste para hacer introspección respecto a tantas otras cosas: incomoda a los políticos porque es impopular, no porque pueda ser injusto; nos hace sumirnos en elucubraciones económicas para sustituir la ciencia a la que deberíamos remitirnos a la hora de decidir pero sin hacernos sentir “acientíficos”; y lleva el debate a ejemplos de la vida cotidiana (cuán colapsado está mi centro de salud por las tardes, mare meva) para que olvidemos que tras esta decisión hay cosas mucho más grandes, de esas que suenan abstractas, difusas y lejanas, como el “derecho a la salud”, y sin embargo están ahí frágiles, dispuestas a desvanecerse con media ley aparentemente inocente. y que nos lo digan si no a los que sufrimos esa sutil y bienintencionadérrima 15/97.

    (pepingaray, no sé si alegrarme por reencontrale, o lamentar que seamos tan pocos que no paremos de vernos)

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