Dejar de creer en Dios mejora la salud poblacional


“La descripción del dolor individual en una persona puede resultar difusa.
En una población, en cambio, adquiere una nitidez pasmosa:
el dolor se vuelve cóncavo, resuena”
Anne Schypzer

Uno de las principales causas de sufrimiento, enfermedad y muerte en el mundo, desde los principios de la historia de las humanidades, son los causas externas violentas que tienen sus raíces en conflictos religiosos.

La gran mayoría de defunciones acaecidas por esta categoría son causas de mortalidad prevenible y prematura evitable, con un importante número de años potenciales de vida perdidos.

Además, la defunción de determinados grupos vulnerables por causas violentas (mujeres, niños, ancianos) genera en las sociedades afectadas un fenómeno definido por Jacques Gurllie como “doble dolor” (en relación con la hipótesis de Schypzer de la “concavidad del dolor”). Un efecto social que genera connotaciones morbiliformes que afectarán a varias generaciones (hay estudios muy sugerentes realizados en periodos después de las grandes guerras).

Es cierto que la secuencia fisiopatológica es compleja. La etiología “Dios” hay que meterla en el inicio de una cascada fisiopatológica espesa donde aparecen conflictos geográficos, conflictos raciales, de género y económicos. De hecho, la presencia muy constante de la variable “dinero” lleva a muchos autores a no considerarla -al dinero, me refiero- una variable intermedia sino un factor etiológico en sí mismo. Y de ahí la metonimia en muchas series publicadas entre Dios y Dinero.

Es cierto que en algunos casos la creencia de Dios tiene efectos protectores, aunque este mismo efecto protector (relacionado con componentes de solidaridad, justicia distributiva, etc) también han sido observados en muchas culturas y grupos poblacionales que no confesaban creencia alguna.

Y también es cierto que la evolución negativa de las personas con creencia a Dios iba asociada a una secuencia en la que aparecía la variable intermedia. “Religión” y sobre todo “Fundamentalismo” y quizás con determinados patrones genotípicos en estirpes de individuos francamente hijodeputas.

Llegados a este caso haría falta un epidemiólogo de pro que nos pusiera orden y sentido. Quizás la variable Dios como mecanismo protector no tenga que ver con Dios sino con algo diferente. (o en palabras de Florentina Resteiro “y por eso quizás el anclaje no estaba aquí y quizás era dios o quizás un rastro ceniciento que tiene la moldura del mundo antes de nacer”). O quizás la alteración genética sea precursora o haya matices educativos. No sé. Aquí en la hipótesis es cuando me lío.

En fin, resumiendo: a la espera de resultados más concluyentes y estudios epidemiológicos ad hoc, teniendo en cuenta las graves repercusiones en términos de morbilidad y mortalidad y los constantes ejemplos que nos ponen los telediarios y nuestros amigos en Gaza, dejar de creer en dios o dioses podría ser una buena medida para mejorar la salud de nuestras poblaciones. Y ya de no poder abandonar el hábito, tratar de creer con reservas, con tolerancia  y en pequeñas dosis anuales.

11 comentarios en “Dejar de creer en Dios mejora la salud poblacional

  1. Me ha gustado este post. No puedo reprimirme y comento. Emocionalmente tiendo a pensar así y simpatizo directamente con estas líneas, pero me planteo dudas.
    Las comento:
    Las religiones también son portadoras de cultura de paz (además de la cultura de guerra). Por ejemplo, me encanta el pensamiento de Kenneth Boulding que bebe del pacifismo quáquero. Por supuesto la cultura de paz no es algo exclusivo de las religiones.
    No hace falta creer en Dios para ser violento y mucho menos para ser fundamentalista (además hay mucho fundamentalismo ateo y mucha religión laica).
    Los “conflictos religiosos” rara vez están bien etiquetados, pues además de religiosos suelen ser mucha más cosas. Hasta en el caso del Israel-Palestina se trata de un conflicto por territorio, racismo (un régimen de apartheid más potente que el sudafricano), estrategia de las potencias globales y locales, seguridad, etc.
    En definitiva, lo saludable es poder hablar de esto con tranquilidad.
    Gracias por el blog.

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  2. Hola Rafa interesante y arriesgado post. El terreno que tanteas es quebradizo, pero merece la pena adentrarse y reflexionar.

    Coincido contigo, las creencia y las ideas, separan y muchas veces causan dolor y muerte. Las religiones basadas en sistemas dogmáticos o de ideas son desgraciadamente ejemplo de rupturas y desencuentros.

    Es tiempo de cambiar. La experiencia une. Podemos contactar mejor con los demás desde la vivencia. De este modo así como la idea de dios puede matar. La experiencia de Dios jamás lo hará. A todos los místicos les han perseguido por esto mismo. Quien experimenta a Dios es peligroso porque ya no depende del sistema creencial y se independiza del “sistema religioso”.
    Con la idea de no-dios pasa lo mismo, Producirá enfrentamiento con su contraria. La experiencia de trascendencia que pueda experimentar una persona no creyente, no chocará jamás con idea alguna.

    ¿Maduraremos algún dia para dar el paso y dejar atrás ideas caducas…?

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  3. Daniel, Salvador, muchas gracias por los comentarios.
    Sí, el tema es mucho más profundo. La mayoría de los posts están escritos caminando rápido y por eso hay matices (claro, esto es una bitácora, un libro de anotaciones, muchas de ellas en los márgenes…).
    Lo bueno es tener siempre buenos comentarios como los vuestros que complementan y mejoran lo escrito.
    De acuerdo en mucho de lo que expresais. La idea original era hacer una similitud con otros mensajes preventivos, después de un nuevo cabreo con el conflicto palestino. .
    Cierto que la secuencia fisiopatologica es compleja y habría que ver cuánto hay de dios, religiones y otros factores.
    De todas formas, estoy seguro que si el constructo dios existiera y conociera ciertas actuaciones realizadas en su nombre, él mismo hubiera hecho una autodisolución preventiva de sí mismo. La idea es bella: dios dejando de creer en dios. Abrazos

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  4. Creer es crear o creer es poder???.

    Depende de la concepción o el paradigma donde te sitúes, creo que Dios podrá ser algo beneficioso o perjudicial para la salud de cada cual y de la comunidad que habita; desde el plano internacional al más cercano que puede ser nuestra casa o nuestra profesión (en mi caso enfermera).

    Mi consideración personal del asunto, es que en España se ha realizado una secularización relativa, pero no una secularización cumplida respecto a la evolución del concepto de religiosidad y secularización en la Enfermería (y que seguro que en el comportameinto de las enfermeras/os,tendrá que ver algo en la afirmación planteada de que creer en Dios perjudica a la salud…). Esto puede ser debido, bien por la poca extensión de la reforma protestante que empobreció la religiosidad española y apenas tuvo influencia en el concepto de Cuidar; bien por el carácter sociológicamente ingenuo de la concepción de la religión por parte de las enfermeras españolas como un mero asunto privado, sin abordar el tema seriamente, desde el laicismo profesional que nos corresponde, en un Estado democrático y en una profesión cuya actividad es cuidar al ser humano desde un punto de vista amplio, que incluye los aspectos biopsicosociales y espirituales.. Se observa que persiste en la enfermería asturiana actual (y permítanme decir que puede generalizarse a la enfermería española), una importante influencia de las órdenes religiosas, que se observa en una cultura religiosa difusa que se entrevee, por ejemplo, en las respuestas a la pregunta por qué ha escogido la carrera de enfermería, realizada como práctica a los alumnos/as de primero de la Escuela de Enfermería y Fisioterapia de Oviedo(donde imparto Hª y filosofía de la Enfermería), donde son muy frecuentes los términos de vocación, ayuda a los demás con cariz religioso o místico, sacrificio, entrega, etcétera. Además son numerosas las enfermeras asistenciales y docentes, educadas en aquella cultura religioso-enfermera y que desarrollan un papel muy activo en la enfermería del presente. Otro detalle es, que se contradicen los valores de solidaridad y ayuda expresados por las alumnas/os de Enfermería, con la escasa participación o implicación de las mismas, e incluso de enfermeras asturianas, en la reconstrucción del tejido social, en la lucha contra la marginación, en impulsar movimientos sociales, en la solidaridad con el tercer o cuarto Mundo, ausencia del abordaje del tema religioso no católico desde la base profesional de los cuidados, participación en comités y actividades de bioética, etcétera, lo cual tiene dimensiones políticas y genera ciertos interrogantes. Observo también, que actualmente existen amplios sectores de enfermeras/os con unas expectativas mágico-religiosas a la hora de concebir la enfermería como instrumento de cambio social, pero solo desde la inserción de las masas-enfermeras en el sistema sanitario y social, con lo cual se producen fenómenos de desencantamiento(como indica Bordieu) y ausencia de consideración de la Enfermería como profesión y disciplina. Otra influencia que percibo mítico-religiosa es, la de ciertos profesionales, que se configuran como una casta sacerdotal que, mediante el fortalecimiento de la opacidad, el secreto y la auctoritas personal, refuerzan la separación entre expertos, enfermeras «de base» o ciudadanos, poseedores de los resortes de las decisiones y saberes «laicos» desposeídos de información y capacidad de control democrático. Incluso algunas asociaciones profesionales(en Asturias y fuera de ella)llegan a funcionar casi como órdenes religiosas diferentes, articulándose en corrientes o bandos internos según grados de fidelidad a determinados líderes. Los procesos de inclusión-exclusión, herejía-ortodoxia, premio-castigo son muy parecidos a los desarrollados a lo largo de la historia en los diversos tipos de organizaciones religiosas. Concluyendo pues, creo que siendo consciente de nuestro pasado de cuidadoras religiosas y la formación y el estigma que ello implica en nuestra profesión, debemos abrir foros de discusión sobre la necesidad de una secularización real de la profesión, que lleve a una conexión entre vida pública y privada para asentarse profesionalmente en organizaciones sociopolíticas que den lugar a acciones de solidaridad y de respuesta a las necesidades de salud de los individuos con la consiguiente influencia política y social.
    Este blog es una buena creación como comentaba al principio y lo dicho, creamos para crear y no para ejercer poder.
    Un debate iniciado en este blog y que agradezco alos que me han precedido. Gracias

    Haciendo una búsqueda sobre la cuestión planteada al inicio (crer es crear y no poder)encontré un video que me parece muy dulce, aunque no sé si va con el tema.

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  5. yo no creo en Dios ,por que pienso que soy sencillo y no necesito creer en nada ni nadie,para ser feliz y disfrutar de mi vida,pero si el que cree en dios le hace sacar la parte mejor de su ser me alegro que crea ,pero si solo le sirve para odiar al que no cree ni piensa como el,me da pena porque nunca llegará a ser feliz porque se preocupara de cosas que no importan,por que solo hay una cosa que importa que estar vivo y saber disfrutar de nuestra vida no por lo que tenemos sino por lo que sentimos.

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  6. He estado leyendo sobre sobre el congreso anual de la Asociación Americana de Psicología, que se ha celebrado la semana pasada, y donde se han presentado varios trabajos sobre el tema de la creencia en Dios y salud mental:
    Algunos proponen que la no creencia en Dios provoca mas ansiedad, preocupación e intolerancia a la incertidumbre. Otro estudio obtiene correlación de ansiedad entre un imagen benevolente de Dios o un Dios vengativo y represor (varía según religión o la interpretación que se hace de éstas)
    Algunos Psicólogos, americanos claro está, proponen preguntar por las creencias como un dato relevante de salud mental.
    Es un tema que no esta en las tendencias de las publicaciones, al menos en nuestro país, pero es un buen campo de investigación.

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  7. muy interesante lo que sugieres, mas aun yo lo veo no como un problema de dioses o no dioses, mas allá de la figura de un dios, hay que aceptar que el ser humano tiende a elevar a deidad, lo que pretende sea punto de control para uno o varios grupos (la idea del bien = premio, mal = castigo). Tu lo dices per se y cito textualmente porque me gusta la frase cascada: “cascada fisiopatológica espesa donde aparecen conflictos geográficos, conflictos raciales, de género y económicos”. El problema no es Dios, si no lo que hacemos o dejamos de hacer en su nombre, si dejásemos de creer en dios, luego deberemos de creer en el dinero (que dicho acá, seria una excelente cura para los males mundiales) luego de dejar de creer en nacionalidades (que las hay cientos sin deidades y no carentes de conflictos bélicos). Avanzando mas en este tema me parece simpático de que no temamos de herir susceptibilidades por decir el dinero aquí, o allá pero debamos ser precavidos en decir que tal un mundo sin dios. Hago acá un paréntesis necesario; yo tengo un concepto de Dios (volviendo al vórtice de todo este escabroso asunto) bastante fuerte tanto para saber distinguir lo que sus numerosas variables etimológicas, más que de etiología y lo que es para mi. Dioses hay, y los habra miles y si no los hubiese, ya le encajaremos el calificativo a otro ente. es x eso que creo que no va x ahi la cosa

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