Hotel Chevalier. The Darjeeling Limited


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Alguna vez se me escurrió también un niño entre los dedos. Era estudiante aún, el niño se llamaba Melanio y vivía en Tariquía. La familia nos pidió que fuéramos a verlo a casa y que tratásemos de hacer algo. El rostro era un dolor. Recuerdo perfectamente los párpados y los labios. Dolían. Lo agarramos fuerte para que no se fuera contra las piedras, pero no teníamos suficiente fuerza en los dedos ni en la cabeza ni en los antibióticos ni en los fármacos ni en nada para bajar la fiebre y domar los roncus.
También tuve varios hermanos y desaparecieron. Y también hicimos viajes para encontrarnos y perdernos de nuevo otra vez. A veces fingimos reecuentros o reuniones simuladas e hicimos señas raras con los dedos para reconocernos conversaciones lugares comunes sigues fumando o no has cambiado nada o sigue la casa del pueblo o cómo están tus padres o tus hermanas o llevas las mismas gafas o está todo tan diferente o cómo has crecido o menguaste o qué pronto anochece ahora o dame tu teléfono y nos llamamos o es una pena encontrarnos sólo en situaciones así pero al menos siempre tan muertos de risa por todo.
Y también tomamos varias veces el Darjeeling Limited y nos movíamos despacio pero tan ágiles saltando en los vagones, dejando atrás pasajeros o desechando maletas, volviendo de madrugada intoxicados o partiendo a las siete de la tarde un viernes y tu aplastándome el pelo. O simplemente esperamos el Darjeeling Limited en los andenes aquellos en los que componíamos música mirando al cielo y simultaneando las nubes como notas en el pentagrama de cables que chirriaba y el viaje a veces nos llevó años lejos de casa para llamarnos de otra forma y que nos besaran en otro idioma y también desnudos en habitaciones en París fumando Gitanes y chillando en Ars et Métiers y otros años el viaje era aquí en la mesa del estudio en trayectos cortos entre los lápices y la mancha del café y la sombra del visillo y el plato lleno de migas y el teléfono y esa sensación de nuevo en casa tanto tiempo viajando para ahora sin palabras por fin entender casi algo de nuevo al fin. Pero ese casi siempre nos salva revistiéndonos el misterio.

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