Andreu Segura: Crisis económica, sanidad e ineficiencias


En Diario Médico hoy.
Andreu Segura es Presidente de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria

vía @clarabermudez

“La situación económica ha vuelto a poner sobre el tapete el temido copago, una fórmula de responsabilizar al usuario del consumo, para unos, aunque para otros suponga más bien culpabilizarlo. No me repugna porque al interpretar que pagar impuestos es un ejercicio de responsabilidad cívica, contribuir al coste de los servicios sanitarios es un ejercicio de responsabilidad como usuario sobre la viabilidad del sistema.

Aunque la cartera de prestaciones del SNS muestra carencias, la oferta incluye servicios cuya necesidad es discutible desde la financiación pública. No todas las actividades sanitarias son convenientes y algunas son poco pertinentes. Además, la actitud del usuario puede tener su importancia, y no resulta fácil llevar a la práctica modalidades eficientes y equitativas de copago, particularmente las que afectan al uso excesivo atribuible al usuario. De ahí que convenga considerar otras posibilidades si pretendemos eliminar o reducir el uso inadecuado. Por ejemplo, combatir la trivialización del consumo sanitario y sus consecuencias negativas sobre la salud.

Aunque se haya mejorado mucho en seguridad, el incremento de la capacidad de acción efectiva de la sanidad se acompaña de un aumento de los efectos colaterales. La iatrogenia es un problema de salud pública serio y tiene consecuencias negativas resultado de negligencias, del consumo indiscriminado y de la creciente medicalización.

Consumir más no es, en el ámbito sanitario, mejor; puede ser incluso malo. El consumo ha de ser pertinente y las intervenciones han de obedecer a una indicación explícita. Incluso las actividades preventivas pueden ser inapropiadas. Aunque otros tipos de intervenciones sanitarias deberían ser objeto de este análisis, vale la pena destacar las limitaciones de la prevención, que tiene propósitos loables pero insuficientes si no tienen consecuencias benéficas para la salud.

La prevención de las enfermedades cardiovasculares es ilustrativa. Si se circunscribe a las intervenciones clínicas, con medidas dirigidas a tratar factores de riesgo como las dislipemias, los resultados distan mucho de ser eficientes y equitativos, incluso cuando incluyen consejos sobre la actividad física o la alimentación, ya que se requieren esfuerzos titánicos para modificar las conductas individuales. Si además tenemos en cuenta que el cumplimiento de la prescripción farmacéutica de los fármacos hipotensores o hipolipemiantes es limitado, el despilfarro económico es obvio. Mientras, el sedentarismo, el exceso de peso y la obesidad no dejan de aumentar.

La alimentación y la actividad física vienen determinadas por factores más allá del conocimiento de sus consecuencias sobre la salud. La estructura familiar, el horario laboral y la distancia de la vivienda al lugar de trabajo, entre otros factores, condicionan estos comportamientos.

Es conveniente realizar otras intervenciones para disminuir los factores de riesgo de las enfermedades crónicas, medidas dirigidas a los determinantes sociales de las conductas influyentes en la salud y la enfermedad; así se disminuiría el peso y el coste de las actividades clínicas preventivas, convertidas en un elemento complementario de la estrategia comunitaria”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s