¿y si la realidad no fuera la nuestra?


Copio íntegro el post de Javi Padilla en Médico Crítico

“Subir al norte y chocar contra tus párpados, que estaban cerrados sin tú saberlo.
Interaccionar con 50 personas distintas cada día; tú en el rol de médico; ellos en el rol de paciente; salir de tu entorno y darte cuenta de que no estás viendo nada.
Crees que tu alrededor es representativo de la realidad, pero la realidad se viste de “normalidad” cuando se muestra ante ti.
Y la puta, en la consulta de su médico, deja de ser puta, y ya no se llama Leonor ni lleva una falda que empieza donde acaba. Y se maquilla para desmaquillarse…
Y el yonqui es un espectro, sin hábitos, familia ni motivos; intercambio comercial; tu asistencia por mis recetas. Corto y cambio.

Termina la consulta, sales a la calle y te las das de alternativo, de preocupado por los que viven en los límites de la marginalidad social. Esos que han estado en tu consulta pero cuyo “más allá” has ignorado (deliberadamente o no). Y hablas de Galeano, Umberto Eco o Aminata Traoré…

Y al día siguiente vuelves a tu consulta, e intercalas a la (puta) diabética con la diabética puta… pero ambas parecen iguales…

Y todo sigue igual… y tú sigues sin ver a los “nadies”…”los ningunos, los ninguneados”

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadie con salir
de pobres,
que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a
cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca.
Ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los
nadie la llamen,
aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie
derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadie: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadie: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre,
muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la
prensa local.
Los nadie, que cuestan menos que la bala que los mata.

(Eduardo Galeano. “Los Nadies”).

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