resumiendo: contemporáneos


“Hay una similitud que no sabría explicar entre la distancia que me lleva caminar desde zoila a manuel llaneza y la distancia de tus manos a mis manos. O en mirar los dientes mellados de los edificios en el cielo y los pliegues de sus dedos cuando duermen.
Solo es cierto que expreso adoración por ambas geografías: Una adoración torpe: errónea a veces, carente de gramática, acento y técnica pero constante: Una adoración que los contemporáneos compartimos en noches así.
En el futuro posible de cierre de civilizaciones tenemos que andar ciertamente esperanzados: poetas de diversos tiempos y edades han apostado provechosamente palabras y versos en nuestras calles con el deseo de garantizarnos un hermoso futuro. Las palabras, no es difícil localizarlas, llevan tiempo viviendo ahí: en el agujero de la barandilla en la escalera 15, en la baldosa móvil en Eladio Carreño con un océano debajo de sirenas que besan con ojos cerrados, en el peldaño de Liquerique, en la línea 18 cuando me dijiste que volvías Africa y volviste y volviste para siempre, en las Mestas y en San Pedro, en la silueta de dolor en una calle oscura en Cerillero, en el parque donde se durmió nuestra princesa o en la calle que pusimos en tu nombre, en el icono de Calpada, en el primer gesto de Tepanahuori y las bajadas al puerto de Rulán, en la mesa donde recordábamos Uig, en el elefante blanco sin trompa de una casa cerrada en el Llano, en la luz en poniente y en ese aleph redondito que hacen mis nudillos ciertas mañanas cuando me moriría por bajar a dormir a los andenes o a los bancos del puerto.
Es cierto, y Artemio lo dice mucho mejor: el problema no es saber escribir o saber leer, el problema es no saber mirar. Pero andemos confiados. El día en que se hunda la ciudad, se cierren los valles, se expolien pueblos o suban las mareas, quizás no quedará tampoco nada de nosotros, quizás tengamos gorriones en deuda volando despistados de un lado a otro. Pero no tengamos miedo. Cada una de esas palabras cumplirá su hermoso cometido de belleza. Y emergerán dibujando desde su melancólica guarida una silueta de tinta y el objeto, el deseo que nombran. Tan fácil. Aquella vocal dibujando de nuevo un árbol, y la consonante recordando un cuerpo y la sílaba recomponiendo manos, calles, luces, semáforos, ruidos, montes, , mujeres, hombres. Tan fácil. Todo empezará de nuevo”.

Artemio Rulán. Moleskine negra

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