Fetichismo


Lo compré en Paradiso. Hay una nota en la primera página, en la pegatina que identifica los libros de Paradiso, que indica exactamente que fue comprado en Junio del 2005 y otra nota en esa misma página, en tinta azul, que señala que se terminó de leer en septiembre de ese mismo año.

Libreria Paradiso
Unas páginas más adelante, debajo de la cita de Anímula vagula, blandula está escrita a mano una traducción que hizo MF una noche de ese verano. Cenábamos en Agosto, una de esas cenas donde antes de reunirnos anticipábamos, como el contemporáneo uruguayo, lo que es eterno y provisional y la certeza de ciertos tactos y olores, esos que permanecen adheridos, intactos, aunque pasen los años. En la sobremesa abundante, donde se tienden las palabras y los verbos se conjugan con los objetos dispuestos aleatoriamente entre la comida restante y la bebida, MF tradujo la cita de Adriano. Yo no había llegado aún al final y no sabía que la misma cita, desde Yourcenar pasando por Julio Cortázar, cerraba el libro.
Subrayo los libros y los anoto. Sí, se que para esto hay diferentes teorías y que para muchos subrayar es destrozarlos. Yo subrayo, pinto y escribo en ellos.
Leí el libro por primera vez cerca del Mediterráneo. Lo leí entero muy cerca del Cantábrico pero muy cerca del Mediterráneo. Fue lo mismo con La Vieja Sirena. Lo leía en una escuela en Chillahuatas hace veinte años, pero realmente estaba en Alejandría. Esta es una de las ventajas de la lectura que se aprenden desde niño. Lucía decía con seis años que lo bueno de leer es como que tienes una pantallita de televisión en la cabeza y te puedes imaginar todo lo que pasa ahí dentro. El libro tiene mucho de Mediterráneo y de los lugares que visitamos y de esos en los que ya nunca estaremos. En el 2005 aún fue tiempo de poder hacer lecturas con profundidad. Ahora las lecturas y las escrituras son irregulares y en tiempos y espacios insospechados. Esta frugalidad permite siempre una hermosa combinación fragmentada entre lecturas, escuchas, visionados y objetos cotidianos y reales. Una especie de collage onírico positivista que realmente es lo que conforma la vida de adulto que uno aprende escupiendo y jadeando a manejar como se puede.
Cada vez que vuelvo al Mediterráneo trato de guardar el libro en el equipaje. No hay tiempo de leerlo de nuevo, pero (h)ojeo o releeo páginas. Subrayo de nuevo en colores diferentes. Las tapas se están abriendo y el color ya es algo más amarillo. Las esquinas dobladas. Me produce una hermosa curiosidad trata de descifrar las anotaciones que en los márgenes hice ocho años atrás. No entenderme. Sonreir de mi ignorancia. Contrastar aquella con esta otra que ahora se mantiene. Comprobar que he olvidado cosas. En algunos casos leer esas notas es como leer treinta años atrás y descubrir que muchas cosas no están o han cambiado (como estas manos o las canas o ciertas manchas en el iris) y que otras siempre han estado.
Conozco y asumo, y defiendo claramente las ventajas de las tecnologías, pero esto es fetichismo. Debilidad por los cuerpos en forma de libro. El libro huele y hay un sonido característico al deslizar el pulgar pasando las hojas. El ruido es más hermoso si la casa está en silencio. De noche o a primeras horas de las mañanas, antes del alba: ahí el sonido de las páginas es perfecto. El libro tiene un peso y cada hoja pesa. Las lecturas de algunos capítulos me harían afirmar que algunas hojas pesan más que otras y que según los días algunas hojas pesan distinto.
El libro huele y también el libro duele. Algunos párrafos duelen. Y los dedos, más sabios por viejos que por sabios, evitan ágilmente el dolor quieto de dichos capítulos. El libro sirvió como manual de paliativos al lado de otros manuales de paliativos la última vez que tuve que cuidar a alguien.
De alguna forma también nosotros somos como Adriano, ciudadanos y ciudadanas de una época, los últimos en mancharse los dedos de tinta antes de vivir (¿para siempre?) en los teclados.

“Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver… Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos…”
Memorias de Adriano. Marguerite Yourcenar.

2 comentarios sobre “Fetichismo

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