Aportaciones para introducir la perspectiva de género a las investigaciones evaluativas


Dentro de una de las unidades del Diploma de Especialización en Promoción de la Salud en Contextos Sanitarios, Educativos y Sociales que se está impartiendo desde la Escuela Andaluza de Salud Pública se ha realizado una aproximación a la integración de metodologías cuantitativas y evaluativas en la evaluación. Uno de los ejercicios era hacer una reflexión crítica sobre una actividad comunitaria que fomenta la actividad física en la población (en este caso impulsada desde un Ayuntamiento). Señalamos a continuación la brillante aportación, realizada por María Elena Quesada del Bosque, una de las alumnas, es sobre la incorporación de la perspectiva de género en los procesos de investigación evaluativa,

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“Consiste en incorporar una perspectiva de la realidad socio-cultural en la que hombres y mujeres estén representados y que visibilice las experiencias de ambos. Que reconozca la diversidad y la heterogeneidad de una comunidad. Esta perspectiva debería ser transversal a todas las fases de la investigación.

Aspectos a considerar para que el proceso de investigación sea sensible al género:

El objetivo fundamental sería empoderar a las mujeres. Capacitarlas, no solo, en materia de salud, sino en lo concerniente a las decisiones de su vida en general.

  • A través del fomento de la autoestima.
  • Responsabilizar a hombres y mujeres de su bienestar físico y emocional.
  • Evitar la victimización o culpabilización de las mujeres respecto a sus problemas de salud.
  • Para alcanzar este objetivo, es necesario que exista una redistribución equitativa de las actividades de la vida diaria (horas diarias dedicadas al cuidado de hijos/as, dedicación en horas al cuidado de personas dependientes…etc.). Lo que se conoce como corresponsabilidad de los cuidados.
  • Reparto equitativo de las actividades de la vida diaria, implicando a los miembros de la unidad familiar.
  • Valorando el trabajo doméstico, que se encuentra infravalorado y, no deja de ser, un trabajo, que contribuye a la economía familiar y además es imprescindible.
  • En el caso de las cuidadoras (normalmente son mujeres), proporcionándoles el Respiro Familiar o facilitándoles, por parte de las instituciones, apoyo externo que les permita conciliar su vida familiar, laboral y de ocio (para poder inscribirse en actividades saludables necesitan del apoyo institucional).
  • El Ayuntamiento podría poner en marcha, paralelamente, a este programa un taller de afrontamiento saludable de las actividades de la vida diaria. En el que se pudiese capacitar tanto a hombres como mujeres a gestionar el estrés y la ansiedad que generan las actividades de la vida diaria, sobretodo cuando se desempeñan múltiples roles y es muy difícil conciliar la vida personal, laboral y social. Enfatizar en la toma de conciencia del presente (Atención Plena). Las prioridades de las mujeres serán diferentes por todas las exigencias y condicionamientos sociales. Se verá afectada negativamente su autoestima, su bienestar emocional, tendrán dificultad para disfrutar de su tiempo de ocio, para cuidarse a sí mismas, controlar su estrés, participar en actividades saludables o establecer redes sociales.
  • Para incorporar la perspectiva género sería imprescindible analizar los discursos y los datos desagregados por sexo.
  • Favorecer la equidad en el acceso a los recursos.
  • Los/as investigadores/as no deberían reproducir ni perpetuar roles y estereotipos sociales, pues no son más que construcciones sociales y culturales que varían en el tiempo y en el espacio. Reconociendo la diversidad  y el individualismo.
  • No reproducir etiquetaje para los problemas de salud tradicionalmente “masculinos” o “femeninos”.
  • No considerar a los sexos como dicotómicos, no exagerar las diferencias entre ellos/as.
  • Evitar el androcentrismo, o sea, construir la realidad social desde una perspectiva masculina (la de los hombres blancos, occidentales y de clase media). Tomar lo masculino como    norma. En investigación, las mujeres tradicionalmente no han participado en ensayos clínicos, sin embargo, los resultados han sido generalizados a toda la población, sin considerar la vulnerabilidad y la exposición diferencial de hombres y mujeres.
  • Emplear indicadores sensibles al género (Brecha de género, Indicadores de Igualdad de Género).
  • Evitar el lenguaje sexista.

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