Migrants walking past a church, escorted by Slovenian riot police to a registration camp outside Dobova, Slovenia. The small Balkan nations along the path of the human migration through Europe have seen record numbers of refugees cross their borders, and have been overwhelmed in their ability to manage the human flow (Sergey Ponomarev, The New York Times - October 22, 2015).

Refugiados, la importancia de la historia


Migrants walking past a church, escorted by Slovenian riot police to a registration camp outside Dobova, Slovenia. The small Balkan nations along the path of the human migration through Europe have seen record numbers of refugees cross their borders, and have been overwhelmed in their ability to manage the human flow (Sergey Ponomarev, The New York Times - October 22, 2015).
Migrants walking past a church, escorted by Slovenian riot police to a registration camp outside Dobova, Slovenia. (Sergey Ponomarev, The New York Times – October 22, 2015).

 

Macedonian soldiers on the Greek side of the border have built a border fence that divides their town of Gevgelija, in the background, from Idomeni, in Greece, where nearly 2,500 refugees were being barred from entering (Mauricio Lima, The New York Times - November 28, 2015).
Macedonian soldiers on the Greek side of the border have built a border fence that divides their town of Gevgelija, in the background, from Idomeni, in Greece, where nearly 2,500 refugees were being barred from entering (Mauricio Lima, The New York Times – November 28, 2015).

Lee esto

“Comprobó que, desde el promontorio donde se hallaban los reporteros de prensa, no podría reconocerlo ninguna de las personas que, ya en territorio ******, eran conducidas como rebaños por los soldados *********** , encargados de vigilar y controlar a los refugiados. La escena resulto mas patética de lo que su imaginación le hubiera permitido concebir. Una marea humana, cubierta con mantas harapientas, viajando sobre unos pocos autos o arracimados en carretones destartalados tirados por caballos famélicos, o simplemente a pie, arrastrando maletas y bultos donde atesoraban todas las pertenencias de sus vidas, aceptaban en silencio las ordenes para ellos incomprensibles, gritadas en ****** y acentuadas con gestos conminatorios y porras amenazantes. Aquellas eran personas lanzadas a un éxodo de proporciones bíblicas, empujadas solo por la voluntad de sobrevivir, seres cargados con una enorme lista de frustraciones y perdidas patentes en unas miradas de las que incluso se había esfumado la dignidad.
(…) J. supo por un corresponsal británico, recién llegado de ********, que la mayoría de los niños que escapaban de ****** venían enfermos de pulmonía y muchos de ellos morirían si no recibían atención médica inmediata. Pero la única orden que tenían los ******* era la de conducir a los refugiados, grandes y pequeños, a unos campamentos, cercados con alambre de espino, donde permanecerían hasta que se decidiera la suerte de cada uno de ellos (…)”

Leonardo Padura escribió este texto en el año 2009, dentro del libro el “El hombre que amaba a los perros”, describiendo el éxodo republicano a Francia, en el final de la guerra civil española.

Referencia de las fotografías

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s