Por favor, dejad las cosas ordenadas


En mi casa, desde muy pequeño, siempre me insistieron mucho en ciertas normas de educación: no poner las manos bajo la mesa, saludar al entrar en los lugares, ceder el paso, decir siempre gracias y por favor… Siendo heredero de una timidez patológica, algunas de ellas me costaron y me siguen costando mucho. De entre todas ellas, una de las que más tuve en cuenta siempre, y quizás más sigo teniendo, fue el respeto hacia mis mayores.

Somos herederos de un sistema donde mucha gente lleva tiempo trabajando para mejorar las cosas. A mí todavía me tocó un sistema donde para que te atendieran en el ambulatorio había que arrancar un número de la pared, las consultas se pasaban de dos en dos y no había sillas para sentarse. O donde las estadísticas y las epidemiologías se realizaban (me lo han explicado varias veces y aún me cuesta imaginarlo) sin saber que era un software o un hardware.

Creo que es muy importante tener un pensamiento janusiano activo, una doble mirada: sin dejar de percibir los déficits actuales, tener una inmensa perspectiva apreciativa hacia todo lo que nuestros y nuestras mayores han conseguido.

Muchas de las grandes personas que han trabajado por mejorar ese sistema se han jubilado ya o lo comenzarán a hacer en los próximos años.  El trabajo que muchas de ellas han realizado – y realizan- para mejorar las cosas es innegable.

Pero como ya comentamos en una entrada sobre planificación, a veces da la sensación, legislatura tras legislatura, que vamos acumulando retales y modelos y estrategias y actividades y que, legislatura tras legislatura, para los que siguen trabajando a nivel técnico, es más difícil tratar de poner orden en una casa desordenada, en un sistema de planificación por capas o casa tomada, donde el Sistema a veces parece poseído de un Diógenes con ganas de acumular y acumular y, en el peor de los casos, que también lo hay, cumplir expediente para luego desaparecer y pasar a otra cosa.

Mi petición es sencilla: acordaros de cuando eráis jóvenes y seguramente pedíais a vuestros mayores que os dejaran hacer cosas. Mi petición es sencilla: leeros al Colectivo Silesia y a la Cabecera o a Salut entre Totes y dejadles hacer. No tengáis miedo, sino orgullo, que vuestras hijas hayan salido más listas que vosotros y que os contesten y os repliquen y os adelanten bailando por la izquierda. Mi petición es sencilla: pensad, pensemos, que para que otros puedan hacer cosas hay que dejar hacer cosas y dejar de hacer cosas; y sobre todo por favor, antes de iros, tratad de dejar las cosas lo más ordenadas que podáis.

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