Macho-bebés


patriarcado

Me estremeció la mujer del poeta, el caudillo
siempre a la sombra y llenando un espacio vital

Mujeres. Silvio Rodríguez.

 

Una de las múltiples facetas que adopta el patriarcado y los roles de género es lo que se me ha ocurrido en llamar junto con algunas amigas la figura del “macho-bebé”.

Por macho-bebé nos referimos a aquellos hombres que adoptan voluntariosamente una conducta de absoluto desvalimiento y necesidad de cuidados por parte de una mujer, para temas que tienen que ver con su cuidado cotidiano más básico. En otras palabras, de aquellos hombres que añaden su peso muerto a la ya de por sí abultada carga de cuidados informales de las mujeres de su entorno familiar o relacional cercano (1), no por causa de ningún tipo de diversidad funcional, sino por el tipo de masculinidades que detentan.

“Usted no me pregunte por las medicinas que tomo, porque eso quien lo sabe es mi (mujer/hermana/hija/nieta)” o “Vengo a por la analítica de control, que yo por aquí no puedo venir mucho. Ya si eso la semana que viene mi (mujer/hermana/hija/nieta) viene a por los resultados” o “Yo le digo que coma mejor, que no fume, que haga más ejercicio, pero él ni caso (él mientras guiña un ojo cómplice y se ríe)” o “Yo como bien, de todo. Lo que hace la mujer en casa es comida de toda la vida…a lo mejor, luego fuera uno come algo peor, pero lo que es en casa yo como sano” son ejemplos bastante cotidianos en los que se puede apreciar esta forma de masculinidad que claudica del control de su propio cuidado.

Un bebé, o una persona con un cierto grado de diversidad funcional, necesita de unos cuidados que no puede darse autónomamente. El macho-bebé los da por supuestos, llegando a ser funcionalmente incapaz de satisfacerlos por sí mismo con el paso del tiempo. Se trata, a fin de cuentas, de una conducta de género en la que se intercambia el control de los propios cuidados, por el control de otro tipo de actividades que, a su vez, él expropia de su mujer cuidadora; como por ejemplo, las tareas asalariadas. Una forma más de ver la diferencia entre el trabajo productivo y el reproductivo, pero con un importante impacto sobre las conductas en salud que al final acaban un buen día en una consulta de Atención Primaria.

¿Qué tipo de intervención individual de consejo breve se le puede dar a un macho-bebé? ¿Cómo se puede ayudar a potenciar una conducta de autocuidado en alguien que ha sido expropiado de ella por su masculinidad?

Sin duda, el sistema patriarcal de género es un importante determinante social de la salud (2). Solemos pensarlo desde una perspectiva muy distal; como un sistema social estructural que impacta desde un nivel muy abstracto en la salud de las personas. Y sin embargo, la figura del macho-bebé nos permite ver con claridad como tiene también fuertes implicaciones a niveles mucho más proximales: en las mismas conductas personales y en la posibilidad de intervenir sobre ellas en la consulta cotidiana. En ese sentido, rescatamos el cuestionamiento de algunas autoras sobre la jerarquía de los niveles de causalidad, así como las metáforas de proximidad-lejanía sobre muchos de los determinantes (3).

Cabría preguntarse qué medida bajaría más tensiones, corregiría más lípidos o controlaría más hemoglobinas glicosiladas, si un consejo breve sobre hábitos individuales de vida a un macho-bebé, o una intervención comunitaria con enfoque de género en los macho-bebés de un cupo, o en sus respectivas mujeres cuidadoras, o en ambos grupos. O mejor aún, una intervención educativa desde la primera infancia sobre este tipo de roles (2).

Referencias.

1. Larrañaga I, Martín U, Bacigalupe A, María Begiristáin J, José Valderrama M, Arregi B. Impacto del cuidado informal en la salud y la calidad de vida de las personas cuidadoras: análisis de las desigualdades de género. Gac Sanit. 1 de septiembre de 2008;22(5):443-50.

2. Scott-Samuel A. Patriarchy, masculinities and health inequalities. Gac Sanit. 1 de marzo de 2009;23(2):159-60.

3. Krieger. N. Epidemiology and the people’s health: theory and context. Oxford University Press; 2011; 7; 202-205.

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