Diálogos con mi residente (VII): Aguas arriba


– Querido Maestro, pero qué haces ahí sentado en posición de flor de loto que parece que tus rodillas van a romperse como hojas de bambú macilentas.
– Mi querido e impertinente residente estoy meditando aquí a la orilla de este río.
– Más que meditar pareciera o pareciese que estás echando una siesta aka pigazín ¿acaso en la meditación también emites ronquidos y te caen las babas por las comisuras?
– Torpe alumno mío, aunque hagan eco las neuronas llamándose en tu cerebro todo te lo consiento dado que tu saber es reflejo de mis enseñanzas. Ven, oh portador de inteligencia errática y distópica, siéntate aquí a mi lado y escucha con interés esta hermosa historia que tengo guardada para ti.
– Cuéntame.
– Hace muchos años yo estaba sentado tranquilamente a la orilla de un río como éste. Era una plácida tarde de principios de verano. Un río ancho y caudaloso, con aguas transparentes y bravas (como las patatas y la colonia). De repente unas voces llaman nuestra atención.
– ¿Estabas tu con más gente que ahora utilizas el plural?
– No, no, estaba yo solo, pero voy a utilizar el plural por cortesía y por darle más fuerza a mi poderoso de por sí relato.
– Entiendo.
– Bien aquellas voces, decía, llamaron nuestra atención. Me levanté – no sin dificultad porque había dejado de hacer gimnasia de mantenimiento desde julio del 73 –  y observé con estupor que la corriente estaba arrastrando un grupo de personas que agitaban sus manos y pedían ayuda.
– ¿Y qué hiciste Maestro?
– Pedí ayuda a otros compañeros y compañeras que estaban allá pastoreando en la hierba y nos lanzamos al agua en la ayuda de todas aquellas personas. Unas nadaban con cierta agilidad y parecía que podían valerse por sí mismas, otras tenían un estado de agotamiento total y estaban francamente mal…
– Veo que la historia es seria.
– Sí, aunque hayamos empezado con las chorradas que empezamos para captar vuestra atención, nuestra historia es muy muy seria. Muchas de aquellas personas tenían dificultades serias e incluso la corriente también arrastraba muchos cuerpos ya fallecidos.
– ¿Qué pasó?
– Organizamos una red de asistencia para atender a todas las personas. La corriente seguía trayendo más y más personas. Era de máxima importancia atender a todas las personas (subrayo todas y al lado del subrayado escribo la palabra universalidad mi querido discípulo) y hacerlo de forma proporcional a sus necesidades y al estado en el que estaban llegando. Era un trabajo complejo.
– ¿Pudisteis atender a todas?
– La cosa se iba complicando. No dejaban de llegar más y más y también ya éramos muchas las personas que estábamos trabajando en la atención. Se planteo una atención directa dentro del agua y que pudieran llevarse a la orilla donde se establecían todos los cuidados. Esta orilla se consideraba un lugar idóneo para la atención. Cercano, conociendo de cerca lo que estaba pasando, con muy buena visión del río y de su contexto. Para aquellos personas que venían con una situación más complicada se generó una atención específica en el otro lado del río, algo más alejado de la orilla. Entre nosotros comenzaron a crearse diferentes categorías profesionales y de competencias y a organizarnos en diferentes dispositivos. Los dispositivos crecieron a un lado y otro de las orillas y se pensó que lo mejor era ordenarlos y llamarlos de diferentes formas. Se crearon personas con designación específica para entrar en el agua a por las personas ahogadas y poder ubicarlas o en las orillas o en los dispositivos específicos que había en la otra orilla. Alguien planteó que la persona para hacer esto debería ser alguien específico de la unidad específica y altamente especializada que estaba en la otra orilla. Alguien dijo que no, que lo mejor era que fuera alguien de los que estaban a pie de orilla y tenían una mejor visión de todo lo que estaba pasando. En algunos casos se crearon estructura intermedias.
– ¿Y seguían llegando personas ahogadas?
– Seguía llegando de todo. Personas en muy mal estado, algunas a punto de morirse y algunas también nadando plácidamente y sin problemas.
– Vaya lío.
– Más que lío digamos que era una situación compleja. Se fueron creando más unidades especializadas en diferentes puntos de las orillas y se fueron creando otras unidades para controlar la coordinación entre las unidades y para controlar la calidad y la seguridad de lo que estaba pasando entre las diferentes unidades.
– ¿Y sólo pasaba esto en vuestro río?
– Eso es lo bueno. Al parecer pasaban cosas muy parecidas en otros lugares cercanos.
– ¿Y estaban organizando la atención de la misma forma?
– Pues no del todo. En algún lugar alguien propuso que lo mejor era hacer una estratificación de las personas que estaban en el agua y que según esta estratificación se activara un dispositivo asistencial ad hoc coordinado por uno u otro dispositivo de un lado u otro de la orilla. Le llamaba Estrategia de Atención a las Personas que llevan mucho tiempo como dificultades para nadar en el río. Hubo elementos de coordinación complejos y de monitorización de la atención en diferentes puntos.
Este modelo, aunque no estaba nada del todo claro, se llevó a otros sitios y se empezó a trabajar de forma parecida. De hecho se montaron comisiones a varios niveles regionales y mundiales. Los que llevaban años trabajando en la orilla, algunas de ellas, decían que no era muy lógico porque era lo mismo que llevaban tiempo haciendo ellas pero con dificultades de recursos..
– Ya….suena complejo Maestro. Complejo y enrevesado.
– Complejo es la palabra mi querido y brillante residente. No nos poníamos del todo de acuerdo cómo y quién debería atender a las personas que llevaban más tiempo en el río y quién y cómo deberían atender a aquellas personas que estaban en una situación muy muy malita. En algunos casos se hacía dentro del agua, en otras en una orilla o a veces en las dos con una unidad de coordinación entre las dos orillas. Se crearon unidades específicas para personas que se habían tragado mucho agua, unidades específicas para las que habían perdido el conocimiento y unidades específicas para las que se habían desorientado.
– Ya
– Por otra parte se fueron montando diferentes grupos científicos de todas las personas que atendía gente en las orillas, según de donde venía cada uno y según en qué orilla estaban trabajando. Se organizaban jornadas y encuentros para reflexionar sobre las lesiones, los pronósticos, los tratamientos y las evoluciones, sobre las formas más eficaces de cómo atender a las personas y de coordinar los dispositivos específicos, sobre la eficacia o no de la estratificación de personas que se estaban ahogando, sobre si empoderar a las personas que estaban nadando en el agua o sobre cómo hacerlo si ya estaban ahogándose,  participaron varias universidades en diferentes estudios y evaluaciones y creció de una forma increíble el número de publicaciones sobre el tema, todo el mundo escribía sobre ello, se discutía mucho sobre qué tratamiento era el mejor para uno u otro caso e incluso – fíjate qué cosa más extraña- las propias empresas que vendían tratamientos participaban en la evaluación y la formación de las personas que estábamos atendiendo gente y nos decían: “hey, no uses eso, no. Utiliza esto mío que es mejor” E incluso las empresas para las que trabajábamos decían “está bien, está bien que os den formación, no podemos decirles que no vengan a la orilla a presentar sus productos” Se fueron creando también otros grupos de personas que atendían que no estaban de acuerdo con todo esto.
– Entiendo… vaya guirigay en las dos orillas. Y si me permites, una pregunta supongo que estúpida mi querido maestro ¿nadie había ido aguas arriba a ver qué estaba pasando y porqué estaba llegando tanta gente en esas condiciones?
– ¿Qué quieres decir con esa pregunta me temo que aunque te hagas el inocente no es tan estúpida mi pequeño nido de ideas revolucionarias?- dijo el Maestro mirando orgulloso al residente.
– ¿Nadie tomó su mochila y se fue aguas arriba a ver si encontraba algo que diera pistas sobre lo que estaba pasando? ¿Nadie se fue aguas arriba para entender las causas de las causas (y el residente mira a la cámara y le guiña el ojo) de lo que estaba pasando?
– Entiendo que quieres hacerme una pregunta trampa y que me desestabilice en mi postura de flor de loto y en mi pensamiento, pero profundiza mejor en tu pregunta.
– Imaginemos que subiendo aguas arriba encontramos un puente roto. Es una vía de paso de un montón de personas pero debido a una serie de cambios en los entornos y en las condiciones el puente se ha roto y según también en base a unas circunstancias personales pero también a otras (yoquesé quien tiene que pasar más por el puente, quien ha tenido menos oportunidades para saber cruzarlo bien…) hay personas con más probabilidades de caerse y hay personas con más probabilidades de no nadar bien y de ahogarse.
– Ya se por donde vas mi querido residente máximamente disruptivo.
– Imaginemos que todos los recursos están aguas abajo en una más que loable y necesaria atención pero que digamos, no sé, quizás se nos está yendo un poco de madre, mientras que aguas arriba no estamos poniendo todo el énfasis que debiéramos y que quizás deberíamos pensar en mejores puentes, en mejores igualdad de oportunidades, en mejor educación para cruzar o en mejores condiciones de vida para no tener que cruzar tanto. No sé. En pensar también porqué unas personas se caen mucho más que otras. Obviamente con buenos maestros aguas abajo para que nos atendáis con mimo a aquellos que con todo nos seguiremos cayendo, pero con buenas maestras también arriba para comprender y actuar mejor sobre todo eso.
– ¿Y qué más propones discípulo ahuyenta-medicinas-mínimamente-personalizadas?
–  Quizás que nos sentemos todos con calma aguas arriba reflexionando sobre esto. Quizás….oh, pero ahora es tarde ya ¡oh jarra de sabiduría! y si te diera todas mis respuestas así de golpe pasaría en convertirme el Maestro en vez del Discípulo y aún no me pagan por ello.
– Cierto. Tarde es y debemos separarnos. Me quedó aquí sentado y meditando sobre tus interesantes conclusiones. Parece mentira. No daba ni dos sextercios por ti y mira en lo que te has convertido ¡Oh látigo disruptivo de sabiduría y prestancia! Seguiremos pronto mirando aguas arriba con los ojos bien abiertos…


Gracias a Ramón Quirós que un día nos contó una historia parecida de la que extrajimos todo esto 🙂
Y gracias a Rodrigo Gutierrez que en un comentario nos referencia que la fuente original de esta historia es de John Ashton y de Howard Seymour en un libro llamado “The New Public Health” (1988). Rodrigo hace referencia a esta historia en un post en su blog en el 2013 y explica muy bien la historia y las implicaciones de trabajar aguas arriba y aguas abajo. 

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5 comentarios sobre “Diálogos con mi residente (VII): Aguas arriba

  1. Estimado Rafa:
    La historia en cuestión -en una versión más sencilla- aparece contada por John Ashton y Howard Seymour en un librito publicado hace 30 años (The New Public Health) en el que divulgaban el movimiento Healthy Cities en el Reino Unido y que se tradujo en España dos años más tarde: http://www.regimen-sanitatis.com/2013/11/de-socorristas-y-lenadores.html
    En cualquier caso es una estupenda historia con una gran enseñanza y un enorme poder de evocación.
    Gracias, como siempre, por el post.
    Saludos

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