Atención Primaria


Hoy iba a escribir sobre la situación de la salud pública, sobre la que ni dios escribe nada, como cuando cerraron aquella dirección de salud pública en Madrid y ni dios salió a la calle como cuando cerraron hospitales; sobre que nos iban a amortizar una plaza y sobre la diferencia salarial que tienen los profesionales que trabajan en salud pública (consejería) respecto a la que tienen los profesionales que trabajan en salud pública (servicio de salud) y sobre cómo esto es una especie de piedra al cuello de cierta salud pública, o una inocentada o una carcajada del sistema, o gana de tomarnos el pelo por mucho decreto de estructura y proyectos bonitos e ilustres que tengamos entre manos. Y sobre cómo a veces uno se cansa de que las noticias y los centrismos sean los del siempre y los demás seamos unos peleles. Pero no se porqué me sale escribir sobre Ernesto y Marta, aunque voy a llamarlos a partir de ahora E. y M. porque no querrán que los mencione por su nombre real.

Hace muchos años cuando iba mucho a Correos para enviar cartas me llamaba siempre la atención uno de los empleados que estaba en una de las oficinas. Su trato era amable y siempre estaba especialmente sonriente. Me preguntaba cuántas personas podía atender al día. Las tareas que podría realizar a lo largo de la mañana quizás no tendrían una complejidad técnica muy elevada -pesar los sobres, revisar qué sellos habría que poner, indicar cómo era la mejor forma de envío, dar instrucciones de cómo hacer un envío certificado o urgente- pero siempre me asombraba esa capacidad de realizar su profesión con una amable cordialidad.

M. atendió a mi padre en la fase más avanzada de su enfermedad y en la fase terminal de la misma. En alguna de las consultas en que pude observar, mirando desde la parte de atrás el encuentro terapéutico, se podrían describir una secuencia precisa: un gran saludo amable y cariñoso, preguntas abiertas que se iban intercalando con las bromas de mi padre o con lo que le gustaba ridiculizar algunas situaciones complejas, ir desbrozando el motivo de consulta o revisar cómo se encontraba el proceso, exploración lenta, porque la lentitud es una de los síntomas de la propia edad o de algunas enfermedades. Adivino que mientras M. sonreía y le iba preguntando cosas o ponía levemente una mano en su hombro – en la del otro que respiraba con dificultad- iba haciéndose diagnósticos diferenciales, si la marea de las pulmones había subido lo suficiente para ajustar este o el otro fármaco, cómo se correlacionaba esa marea con lo que cómo y cuánto respiraba o con lo que venía midiéndose en casa o con la percepción que el hombre traía, adivino que mientras M. sonreía y asentía y le decía que ahora no hablase, ella iba pensando en todo aquello y en las decisiones que tendría que tomar o en lo que tendría que explicar a mi padre y a sus familiares y en cómo sería mi momento. Y se lo explicaba, desgranando a la vez evidencias y manuales de entrevista clínica y de compasión kunderiana. Y tenía que tener tiempo para volver a mirar algo de la historia y cuando ya todo parecía cerrado mi padre de repente – qué hombre- le decía si le podía mirar un oido que no escuchaba muy bien, y M. de nuevo mirando y de nuevo bromas y volver a explicarlo todo despacio con tiempo y con ganas. La compasión y la lentitud kunderianas.

Siempre me preguntaba a partir de qué número de personas vistas en aquella oficina de Correos aquel hombre podría comenzar a tener mayores posibilidades de perder la sonrisa y de equivocarse al poner los sellos. Cuando veía cincuenta personas al día me preguntaba en qué momento se tienen mayores posibilidades de perder la sonrisa y de equivocarse.

Recuerdo ver a E. pasar consulta. E. es un ejemplo de polivalencia y longitudinalidad. Y de varias de esas tablas que pone el Martín Zurro al hablar de lo que es la Atención Primaria. Con ese pelo que cepilla y da brillo a la especialidad. Desde las 8.00 sentado y revisando las historias de ese día o revisando alguna materia clínica, hasta el final de la mañana o los domicilios de última hora. Y lo que más me sorprendía de Ernesto, desde que lo conocí en Urgencias hasta que lo volví a ver en Atención Primaria, era su enorme capacidad docente, cómo era capaz de explicar la precarga y la fisiopatología de la hipertensión mientras no perdía ojo de la persona que tenía a su lado y del residente que tenía a su lado. Pensaba mucho en qué momento E. podría perder la sonrisa o cansarse. En qué momento de la mañana, en aquella concatenación de tareas de alta complejidad, las probabilidades de cometer un error aumentan. Y pienso mucho, muy orgulloso, del montón de Ms y Es que tenemos en esta parte del mundo.

En promoción de la salud hay una máxima que dice que es muy importante poner las cosas fáciles para que las personas puedan tomar buenas decisiones. Mi padre, en la carpintería, decía que para trabajar bien hay que trabajar cómodo.
Lo primero que necesitan muchas compañeras y compañeros que trabajan en atención primaria es tiempo: tiempo para trabajar en buenas condiciones, tiempo para poder ofertar una buena atención, tiempo para no quemarse y sobre todo tiempo para pensar. Pensar es muy importante. No sólo pensar en la actividad diaria individual sino en el equipo, en el modelo, en el sistema.
Tiempo para pensar que la solución no es individual: la solución debe ser colectiva y la respuesta ha de ser multinivel. Hay que ofrecer soluciones individuales pero sin perder de vista el enfoque colectivo y multinivel. Cuando Casajuana ofrecía hace muchos años unos seminarios deliciosos sobre la organización de la consulta yo me decía, sí, sí, eso está muy bien, pero el problema no está sólo ahí dentro y no sólo dentro en la consulta de medicina de familia. El reto está en el modelo y el reto es lo que está pasando sobre todo también fuera. Por eso anda la primaria desvariada al perder el enfoque poblacional y de salud pública de sus inicios. Porque la solución al problema aunque inicialmente sea tiempo, no es solo tiempo. Amando y Andreu lo explican muy bien aquí. Se trata de tener un modelo y de tener prioridades políticas – fortalecedoras y presupuestarias – reales.

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3 comentarios sobre “Atención Primaria

  1. E. es mi tutor. Y la realidad supera con creces lo que cuentas. Elegí la especialidad porque me gustaba la medicina de familia pero a veces uno pierde la ilusión si se deja llevar por el sistema. Nunca si E. está cerca, que siempre consigue devolvérmela. Yo de mayor quiero ser un E. o una M.

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