Cabo de año: Notre Dame y el Universo observable


He pasado toda la mañana mirando un libro de estrellas y galaxias de una extraordinaria belleza. He tenido que parar por culpa del vértigo.

 


De joven pensaba que la poesía era la distribución singular que ciertas palabras llevaban sobre un papel. De mayor voy comprendiendo también que ciertos números y algunos conocimientos son capaces de generar similar belleza (y vértigo).
Cito:
El posible tamaño que tenía el Universo hace 13.800 millones de años estaba condensado en un pequeño punto miles de veces más pequeño que la cabeza de un alfiler. Los átomos no estaban allí. Los primeros átomos comenzaron a formarse cuando los electrones pudieron asentarse y girar adecuadamente alrededor de los núcleos. Esto fue cuando el Universo cumplió 380.000 años.
Nuestro Sistema Solar se forma 9.000 millones de años después del Big Bang. Este sistema se aloja en una galaxia llamada la Vía Láctea. Los autores citan que tardaríamos 100.000 años luz en cruzarla.
Topográficamente – supongo que esta no es una palabra adecuada- nuestra galaxia forma parte del Grupo Local, este del Supercúmulo de Virgo y este de Laniakea. Laniakea es sólo una pequeña parte de lo que se conoce como el Universo Observable. La estimación es que este Universo tenga unos 10 billones de galaxias. Los autores dicen que cruzar todo eso supondría 93.000 (“inimaginables”) millones de años luz.
Somos, decía alguien, vacío y átomos y lo que queda en el medio son opiniones. Lo que queda en el medio de ese Universo inimaginable es mayoritariamente vacío: la materia común (planetas, estrellas y galaxias) constituyen solamente un 4%. Trato de poner un número al porcentaje que tienen las opiniones en todo ese espacio. El resto es vacío.
El Universo se expande. Imagino la confrontación de esa expansión con nuestras dinámicas sociales y culturales, con el movimiento que tienen los dedos al golpear el teclado o la belleza perfecta que siempre me ensimismó de las capas celulares en la retina o del etmoides en un perfecto equilibrio callado. Imagino esa confrontación del Universo con las cenizas de Notre Dame y los símbolos de belleza que caen o la fotografía del misterio del agujero negro o las cenizas de la despedida de nuestro padre hace un año y todo ello con los pensamientos y los quehaceres cotidianos y con la luz que entra ahora de lleno sobre la mesa en el estudio y la claridad del verde en los árboles.
¿Qué había antes del Big Bang? Stephen Hawking apunta que nada. Básicamente nada. Y que muchos de los conceptos tal como se entendieron a partir de ese punto no tienen sentido antes de ese punto.

Christophe Galfard explica también (y tan bien) en una presentación en TED, un viaje alucinante desde el corazón de París, quizás desde el corazón de la misma isla ardiendo, hasta el límite del Universo Observable y trata de explicar que hay más allá del Muro. Y pensando que aún en pleno siglo XXI, y usando otra terminología, seguimos repitiendo lo que dijeron nuestros antepasados: se acaban las estrellas y las galaxias, un muro opaco, fluctuaciones de temperatura…En fin, más allá hay dragones.

 

*Como bonus track además del libro y del video de Galfard en TED recomendaría este otro video del mismo autor hablando sobre universos paralelos y el gato que estaba muerto y de parranda. Además de ser muy didáctico da una clave fundamental, hacia al final, sobre el voto basado en evidencias científicas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s