Tejidos. Barcelona. Comunitaria.


Compro siempre lápices de colores cuando llego a Barcelona. Da miedo para alguien de provincias entrar en las capitales. Por eso necesitamos lápices de luces para pintar los mapas y orientarnos*.

Conviene entrar en las ciudades siempre desde la periferia -esto suele ser inevitable- y evitando los subterráneos. Amarrarse a una ventana nítida que permita observar con calma el paisaje. Analizar con cuidado los tejidos de los bordes de la ciudad. Los centros, por lo general, siempre engañan. Bonitos, encantadores o hipertróficos suelen ser siempre tramas argumentales, interesantes o necesarias, pero que despistan de lo que realmente pasa en los barrios.

Interesa mucho la disposición celular de los suburbios – ya no de los barrios que no dejan de ser estructuras con cierta estabilidad- la configuración de los suburbios y las tierras baldías, esas donde crecen fábricas en marcha o jubiladas, desorganizadas en su arquitectura, cementerios de coches y condones extenuados por el asombro, casas deshechas politraumatizadas, y restos vegetales supervivientes entre los polígonos y aceras sin terminar y caminos que no llevan a ningún sitio y charcos, charcos perennes y de todas las tipologías posibles, estables al paso del tiempo y consistencias infinitas de metal y plástico y cristales lapislázuli de obreros que se limpian la boca con las mangas de la funda y poemas de Biedma que dejaron el mar para morirse en los suburbios y rotondas que son agujeros negros donde han desaparecido generaciones enteras, retornando años más tarde melancólicas e insomnes, para el asombro de la salud pública, y sombras efímeras de árboles conectivos y familias de gatos, y tejados y lo que pudieron ser antenas y lo que pudieron ser tus dedos en una primavera de Barcelona llena de Gracia.

Barcelona son, así, muchas cosas.

Hay un perfecto poema que recorre la ciudad. Es un graffiti continuo que comienza en la T2 y que puede leerse mientras se va atravesando la ciudad hasta llegar al centro. El poema no se detiene ni un solo instante y termina en cada una de las aurículas de las personas que viven, crecen, se relacionan, cuidan y trabajan en esta ciudad.

El pasado mes de mayo tuve la gran suerte de poder participar en la tercera jornada de Salud Comunitaria que organizaba la Gerencia de Atención Primaria de Barcelona. Estas son algunas de las fotos que ayer se compartían de esta jornada. Fue una gran oportunidad compartir el día con tantas compañeras que son imprescindibles para los tejidos de la vida en dicha ciudad.

Y fue además una jornada en La Mina.
Mucho le debemos a La Mina, a Barcelona y a Catalunya. Por eso hay también un hermoso poema que nace al inverso, que nace en las manos de aquellas compañeras que trabajáis allí y que nos llevamos siempre al aeropuerto cuando dejamos la ciudad.


*En Barcelona, Carmen Cabezas, Angelina González y Andreu Segura son algunas de las personas que además de los lápices me ayudan a orientarme. Y además -algo que los lápices no pueden- me dan de cenar caliente.
En esta ocasión Edurne Zabaleta fue además soporte literal y físico de mi espalda, que se me partió un poco en dos con tantas emociones 🙂

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