Zero-Vision: riesgo cero y los posibles efectos secundarios de comunicar sobre la perfección en salud (primera parte)


Durante un par de años, a partir de 2008, tuve la oportunidad de participar en los Seminarios de Innovación en Atención Primaria organizados por el Equipo CESCA. Uno de los grandes descubrimientos de aquellos seminarios fue la lectura de este texto de Per Fugelli acerca algunos de los grandes pecados en salud pública y sobre los riesgos que puede tener la salud pública a la hora de manejar y comunicar la incertidumbre.
A lo largo de una serie de entradas iré traduciendo el texto poco a poco. Personalmente me sirve mucho para recordar algunas cuestiones clave de las que habla el texto (que realmente es una síntesis de muchas de las cosas de las que habla Skrabanek en su Muerte de la medicina con rostro humano) y tener una mirada reflexiva, crítica y transformadora sobre lo que debería ser una nueva salud pública y también una mirada crítica acerca del propio texto (y algunas cosas que han envejecido también con el texto).
He añadido algunos comentarios personales a pie de página en algunas partes. Creo que el texto disecciona muy bien una parte de la salud pública, pero no hay que olvidar que en el 2006 y mucho antes del 2006 ya había muchas personas en salud pública trabajando con una orientación muy diferente a las que caricaturiza Fugelli (por mencionar solo algunas pienso en las reflexiones de Jennie Popay y de Gareth Williams en algún capítulo del “Researching the People´s Health”).
El texto comienza con una frase sublime: “Health and disease are created by molecules and words
El original en inglés, para quien no quiera esperar a las siguientes entregas, está disponible aquí.
Aquí puede leerse la biografía de Per Fugelli (descubro que nos dejó jodidamente pronto).

Resumen

La educación en salud pública puede tener efectos secundarios nocivos: generar miedo, potenciar el “healthism” * y contribuir a una sociedad medicalizada. Para prevenir estas reacciones adversas se presenta un nuevo acuerdo sobre la comunicación en salud pública. Se recomienda que la salud pública pase de la omnipotencia a la moderación, de los estilos de vida a las condiciones de vida, del riesgo a los aspectos positivos de la salud, de la clonación estadística a lo sagrado que tiene cada persona. Además, la comunicación en salud pública debería incluir la incertidumbre, ya que el alarde de una verdad autoritaria erosiona la confianza. El educador de salud pública debe transmitir compasión y dedicación. La información técnica y racional no es suficiente. La última regla de oro para una nueva salud pública es el respeto a las personas. La gente no es una masa inferior sometida a instintos básicos y miedos irracionales. El sentido común y la experiencia lega pueden facilitar a una gestión racional del riesgo. Por lo tanto la salud pública debería tener un método centrado en las personas, reconociendo los propios valores de la gente y sus percepciones y potenciales para prevenir la enfermedad y promover la salud**.

Introducción

La salud y la enfermedad están creadas por moléculas y palabras. Las percepciones humanas sobre normal-anormal, seguro-peligroso, sano-enfermo no están escritas en el genoma humano. Estas percepciones están culturalmente diseñadas y extendidas en nuestras mentes debido a una triangulación entre investigación epidemiológica, educación para la salud y medios de comunicación. La mente mueve la materia, apuntaba Virgilio. Eso es cierto también para la medicina. Quiero examinar en esta conferencia el poder narrativo que tiene la educación en salud pública en formar nuestras mentes. Mi punto de partida es que la salud y la enfermedad son fenómenos comunicativos, condiciones contagiosas que se transmiten a través del más poderoso de los vectores: las palabras.

Así que, ¿cómo usamos nuestro capital de palabras? Estamos ansiosos. A través de Europa, todos los años, lanzamos cientos de campañas de salud pública: dejar de fumar, cribado de cáncer de mama, consumo de vegetales, sexo anal desprotegido, y control de colesterol.

Y somos aplicados. La evidencia indica los efectos positivos de muchas de las campañas de salud pública (1). Pero hay un molesto agujero negro en esta investigación. Ninguna de las publicaciones informan sobre efectos negativos. No porque no existan sino porque la investigación de efectos adversos no está incluido en el diseño de la investigación. Hemos abandonado el escepticismo científico. Seducidos por buenas intenciones, pasamos por alto el viejo mandamiento en medicina: nil nocere, no hacer daño. Hechizados por el milagro de la salud, hemos anulado nuestro sentido crítico. Es una paradoja bizarra: cuando se refiere a fármacos formados por molécula tenemos estrictas regulaciones para los efectos secundarios. Cuando se refiere al más potente de todos los fármacos – palabras que se inyectan directamente en los corazones y cerebros de las personas, la salud pública está inspirada por el lema de Nike. “Just do it“- entonces no aparece nada sobre efectos perjudiciales.

En este artículo invitamos a sus cerebros a conocer este agujero negro y explorar:

  1. ¿Cuáles son los siete pecados de la salud pública?
  2. ¿Cuáles son las repercusiones patológicas de la actual educación en salud pública?
  3. ¿Cómo podemos establecer un nuevo impulso para la salud pública?

Los siete pecados de la salud pública

La salud pública comete siete pecados que, sin ser mortales, si son pecados peligrosos.

Pecado 1

La actual educación en salud pública presupone que la biología es el campo de batalla de la salud. Pero no es así. Se contradice la teoría relativa de la medicina,

donde se formula que la salud (s) es un producto en cambio constante de la biología (b) por la cultura (c) más la política (p) elevadas a la potencia de tiempo (t) y lugar (l). La actual educación en salud pública está doblemente ciega para los impactos de la cultura y la política en la salud. Se centra de forma monomaníaca en el factor b – riesgos biológicos, químicos y físicos- para nuestra salud.

Pecado 2

La salud pública asume que mejorando las partes se ayuda a la totalidad. Pero no es así. La salud pública no tiene en cuenta que h > ≠ p El Hombre es misteriosamente diferente de las partes. El hombre es mayor que la suma de las moléculas, células y órganos. Sin embargo, las partes aisladas son la unidad de pensamiento en el pensamiento y acción en la educación en salud pública: el colesterol, la piel quemada por el sol y el cigarrillo.

Pecado 3

La educación actual en salud pública*** da por sentado que todos los hombres y las mujeres son creados iguales , que son clones unos de otros. Pero no es así h ≠ n El hombre individual es profundamente diferente del número, de la masa, de la población, del denominador. La educación en salud pública renuncia a la bendita unicidad de la persona.

Pecado 4

La salud pública comete el cuarto pecado cuando sustituye el signo de interrogación por el signo de admiración. La salud pública sobrevalora la certeza y suprime la duda.

Pecado 5

Los educadores de salud pública trabajan en el lado oscuro de la vida. Están obsesionados por anomalías, fallos, discapacidades y riesgos. Ocultan que la salud es, ante todo, joie de vivre (alegría de vivir).

Pecado 6

Este pecado afirma que la salud pública está encallada en un modelo de comunicación de arriba a abajo. Nosotros somos el sistema experto superior. Sabemos lo que es lo mejor para la gente. La tradición en salud pública no reconoce la salud como una propiedad personal.

Pecado 7

El último pecado es antiguo, los Romanos lo llamaban niemitas. En la próspera Roma experimentaron que las personas que vivian con más de lo necesario demandaban más sin límites. Ellos reclamaban más dinero, más aventuras, más seguridad, más salud y no riesgo, no enfermedad, no muerte. Las personas y las culturas infectadas por esta actitud se convirtieron, de acuerdo a la sabiduría romana, en personas estresadas, peligrosas y enfermas. Nuestra hipótesis es que la Europa actual está entrando en ese trance de nimietas. La mentalidad de toomuchness (querer demasiado) se revela a través de una metáfora postmoderna: la Zero-Vision (Visión Cero), un mantra para la moderna salud pública. La Visión Cero purificará nuestra vida y sociedad, eliminará manchas, defectos y riesgos. La Visión Cero brota desde una firme convicción: Si invertimos suficientes millones de euros y células neuronales, el hombre podrá diseñar la vida, dar forma a la sociedad, manejar la naturaleza – así, ¿por qué tenemos que aceptar el riesgo, accidentes, dolor, enfermedad, envejecimiento, salud? La salud pública promete demasiado, pide demasiado, sufre de una neurosis de Übermensch que trata de comunicar a la población.
Entonces aparece esta pregunta: ¿Cómo influye la Visión Cero en la calidad de vida de las personas?¿Cuáles son las patologías de la salud pública en esta lucha por la perfección?

(continuará)
(aquí para quien no se resista a esperar siguientes entregas)

Bibliografía:

  1. Hornik RC, editor. Public health communication. Evidence for
    behavior change. London: Lawrence Erlbaum Associates Publisher;
    2002.

Notas de la traducción:

* Nota de la traducción: “Healthism” puede traducirse como “Salutismo” . Como apunta Lilia Graue en este texto, el concepto fue introducido por Crawford en 1980 en un texto titulado “Healthism and the Medicalization of Everyday Life” . Es un concepto al que también se refiere Skrabanek en su The Death of Humane Medicine and the Rise of Coercive Healthism.

**El texto está publicado en el 2006 y quiero creer que muchas de las cosas que cuestiona Fugelli sí que han ido mejorando sustancialmente en estos últimos trece años.

***Insisto que el texto está publicado en el 2006 y que Fugelli habla de “un tipo de educación en salud pública”. Ese año y muchos años antes ya había gente trabajando en educación por una perspectiva totalmente diferente a la que apunta el texto.

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