Todos los días cambiamos el mundo


«My father picked me up from school one day and we played hookey and went to the beach. It was too cold to go in the water so we sat on a blanket and ate pizza. When I got home my sneakers were full of sand and I dumped it on my bedroom floor. I didn’t know the difference, I was six. My mother screamed at me for the mess but he wasn’t mad. He said that billions of years ago the world ‘s shifting and ocean moving brought that sand to that spot on the beach and then I took it away.
Every day he said we change the world. Which is a nice thought until I think about how many days and lifetimes I would need to bring a shoe full of sand home until there is no beach. Until it made a difference to anyone. Every day we change the world. But to change the world in a way that means anything that takes more time than most people have. it never happens all at once. Its slow. Its methodical. Its exhausting. We don’t all have the stomach for it.»


Mr. Robot (video a partir de 4:12)

Una de las primeras imágenes que tuve cuando comencé a trabajar en salud pública en el año 2.000 – y que me parece fue una imagen que utilicé en la primera sesión abierta que realizamos sobre VIH-sida – era la de un plano inclinado y el montón de fuerzas que hacen que el objeto en el plano baje, suba o permanezca. En aquella sesión, entiendo que al hablar de un elemento tan complejo como la situación del VIH-sida, se planteaba la necesidad de entender bien esa situación multicausal y los diferentes equilibrios de fuerzas.

Plano inclinado - Wikipedia, la enciclopedia libre

La idea ha sido siempre recurrente durante estos 21 años de trabajo en salud pública. La complejidad de fuerzas en un plano inclinado. Transformar y avanzar hacia delante, o hacia arriba, mejorar y proponer una transformación social, supone un equilibrio complejo de fuerzas, un esfuerzo superlativo del que somos sólo una anécdota en el devenir histórico. En los cursos o formaciones de comunitaria siempre señalamos algo que parece muy evidente pero que no lo es tanto luego en el día a día: es necesario situarse cada una donde estamos, desde donde pensamos, trabajamos y ponemos los cuerpos; tener muy claro, resituarnos continuamente, sobre cómo se puede transformar desde ese lugar en el que estamos y que tengamos también claro cómo no se pueden transformar algunas cosas desde ciertos lugares.

Este detalle, no se si soy capaz de explicarlo bien, nos genera muchas veces frustraciones y desencantos. Algunas compañeras no quieren hacer clínica y lo que realmente quieren hacer – no lo saben quizás- es trabajar en ayuntamientos, en trabajo social o en política y algunos políticos o directivos viceversa. Tratamos de empujar esa gran piedra hacia arriba en el plano inclinado, pero estamos empujando desde el punto equivocado. Y eso genera una sobrecarga muscular increíble (o una tendinitis de pulgares bestial si confundimos la abogacía con escribir en twitter). O muchas veces se está empujando, sin intención de hacerlo, pero con buenismo erróneo o ignorancia profusa, en sentido contrario.

Me fascinan (no quiero decir que los comparta, sólo que me alucinan casi lisérgicamente hablando y con cierta ternura por incurrir yo también en todo ello) esos análisis simplistas y vehementes que con una sola frase dejan zanjado – y tan anchos- los diagnósticos, las causas, los culpables y las soluciones. Me fascinan porque muchos de ellos se van/nos vamos a ir sin haber transformado apenas nada más que nuestros propios egos.

Me fascinan aquellos que piensan que con tener evidencia y “razón” ya es suficiente. Los que se saltaron la clase de abogacía y de transformación social. Y de trabajo colaborativo y de humilidad y de paciencia y de ser un poco más como Juan Luis Ruiz-Giménez. Me fascinan algunos columnistas, más empeñados en tener y defender su propia razón y en ponerse focos, que en transformar realmente la tozuda realidad. Transformar realmente es saber en qué lugar del plano tengo que ponerme y en qué dirección tengo que aplicar la fuerza necesaria. Me fascinan los que manejan la incertidumbre cuando les interesa. Los que manejan la empatía sólo para lo suyo (empatía basada en el yo-mi-me-conmigo). Me fascinan los que pretender transformar sin compartir. Me fascinan los que trabajan con dobles agendas. Me fascinan los que confunden los liderazgos con las poses. Los que nunca están equivocados y cuando lo reconocen es solamente una pose más.

Mi experiencia de estos dos últimos años en un escenario de salud pública diferente al de los 19 años anteriores (como Director General y en medio de una pandemia) está siendo un mirador único para poder entender mejor toda esa complejidad. Para tratar de tener un mapa global de qués, porqués y causas de las causas. Para tratar de entender, con cierta ternura en la observación, el sentido de muchas cosas que en años anteriores intuíamos. En la administración sanitaria siempre estábamos muy cerca de las cocinas, pero sólo nos llegaba el olor. Una observación panorámica para poder tener más registros y miradas: desde aquel trabajo como residente en Tremañes o como médico luego en Proyecto Hombre.

Es importante saber qué queremos hacer, cómo queremos hacerlo y desde dónde queremos hacerlo. Y qué estamos dispuestas a perder. Y también asumir que hay procesos que requieren mucho tiempo en su transformación y que las protagonistas de la acción transformadora serán otras que vendrán después de nosotras. O que habrá avances que no veremos todavía en alguna generación. O que estamos plantando árboles de cuya sombra no disfrutaremos. Y que quizás muchos de los grandes temas en lo que nos empeñamos no saldrán adelante, pero estamos convencidas que la Historia -con mayúsculas- ya nos ha dado la razón. Y que con ese convencimiento, desde lo colectivo, construyendo sombra y futuro para otros, seguimos empeñadas, tiernas y tercas, todas las mañanas, en acariciar y domar ese plano inclinado

2 comentarios sobre “Todos los días cambiamos el mundo

  1. Bonito plano inclinado y las fuerzas correspondientes. Y recordar que «trabajo» es igual a fuerza por espacio. Si no se mueve, no hay trabajo.
    Cubano yo de nacimiento y hasta los 5 años, regresé a Cuba para cumplir mis 40. Pude pasearme bajo las sombras de los árboles en el ingenio donde trabajó mi abuelo. El los plantó pero, a mi y a los paseantes, nos regaló su sombra.
    Felicidades, Asturias!

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