Las limitaciones de la evidencia científica a la hora de decir la verdad a la política


Uno de los latiguillos que más se ha repetido a lo largo de la pandemia es el de «haremos lo que nos digan nuestros técnicos«. La construcción de esta sentencia, que ha sido un argumentario utilizado a nivel internacional, nacional y autonómico, tiene varios puntos de interés:

-La primera, llamativa, es que es un argumentario repetido de forma generalizada.
-Implica, quiero creer, un buen deseo de tener en cuenta la opinión técnica en la toma de decisiones. No obstante es preciso señalar que las decisiones técnicas en muchos aspectos no son sólo decisiones que deben tomar un sector técnico (el epidemiológico que ha sido el paradigma predominante) sino que hay situaciones complejas – la pandemia es una de estas situaciones – donde es necesario un cuerpo y una visión técnica más global. La conformación de muchos órganos asesores (formales o informales) está en la raíz de esto.
-Otro elemento que llama mucho la atención (y personalmente es el que más me preocupa) es que parece que hay un traslado del locus de control , desde lo político a lo técnico. Y esto es muy interesante y preocupante porque podría ocultar varios significados: ¿ocultar lo Político detrás de lo Técnico porque existe una desafección a señalar claramente que «Todas las decisiones son Políticas, teniendo en cuenta el cuerpo de conocimiento técnico, pero políticas»?¿Utilizar el término «Técnico» por la desafección de una parte de la sociedad hacia lo «Político»?¿plantear que la inclusión del vocablo «técnico» supone certeza, cuando, por lo contrario, la ciencia, y sobre todo materias complejas, como la salud pública, siempre tendrán un apellido que será «incertidumbre»?

Francis P. Crawley, director ejecutivo de Good Clinical Practice Alliance-Europe (GCPA) and Strategic Initiative for Developing Capacity in Ethical Review (SIDCER), plantea algunas de estas cuestiones en una carta publicada en el BMJ y que nos llega vía a un imprescindible de la pandemia que ha sido Sergio Ferrer. Una reflexión muy importante sobre dónde deben de estar y cómo deben de ser los sistemas de gobernanza y participación donde se tomen decisiones en situaciones de emergencia y complejas, y más aún, aunque en ello no entra en detalle el texto de Crawley, cuáles deben ser las miradas de la ciencia para tomar estas decisiones y que ha de incluir una profundidad de miradas de ciencias sociales:

«The decision by Prime Minister Boris Johnson to end covid-19 restrictions was clearly political. The imposition of public health restrictions is, should be, and can only be through politics. Scientific evidence and the best considered opinions of the medical community can never provide the single argument for further limiting citizens’ rights and liberties. Doctors (including the BMA, scientists, and the Scientific Advisory Group for Emergencies1) have limited influence on health policy.2 This is correct in a society that values human rights, basic freedoms, the rule of law, and the sovereignty of its citizens.

In his response to Oliver,3 McKee insists that doctors should raise their voices to government and speak truth to power.4 True, but there are many voices and many truths in this conversation: that of the father who buried a child who died by suicide, of the single mother who lost her job because of mandates, of the teenager who left school because of masks, of the family of the grandmother who died in isolation. These truths, these voices, are no less factual than the truths of scientific evidence and the advice of learned counsels.

Asking a politician to “show us the evidence” fails to understand politics. Scientific evidence alone cannot possibly lead to just political decisions. More importantly, this also misunderstands science: good, robust, and trustworthy science is limited. Perfect consensus is impossible and even undesirable. Scientists should speak truth to power: truth that is inclusive of all the evidence and is open minded regarding the diversity of interpretations across their ranks. The evidence that challenges their conclusions should be shared. Those drawing other conclusions should not be shouted down, attacked with ad hominem arguments, or shunned through cancel culture. This serves only to undermine the trustworthiness of science, medicine, and public health.

It is not only the politicians, industry, social media, and the legacy media that have tested public trust in science and medicine during this pandemic. Science too has played its part by failing to recognise the appropriate limitations of its evidence, its truths, and its role»

  1. Scientific and Advisory Group for Emergencies (SAGE). Scientific evidence supporting the government response to coronavirus (covid-19). 26 June 2020-18 February 2022. https://www.gov.uk/government/organisations/scientific-advisory-group-for-emergencies.
    1. Waters A
    . Covid-19: Show us evidence for lifting restrictions, doctors tell Johnson. BMJ2022;376:o383. doi:10.1136/bmj.o383 pmid:35168994FREE Full TextGoogle Scholar
    1. Oliver D
    . David Oliver: How much influence can doctors have over health policy?BMJ2022;376:o365. doi:10.1136/bmj.o365 pmid:35172972FREE Full TextGoogle Scholar
    1. McKee M
    . Doctors have a duty to speak out on political issues but should avoid party politics. BMJ2022;376:o708.FREE Full TextGoogle Scholar

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