Marco Marchioni revisitado con el fondo de una Europa en riesgo (I)


Es fundamental volver siempre a leer a los clásicos. Pararnos un poco a observar lo que estamos haciendo – con la distancia de haber caminado ya un trecho de la vida- mirando del aprendizaje, el trabajo o las lecturas de nuestros referentes.
Y así nos sirve tanto Anna Ajmátova diciendo «pero les advierto/ que vivo por última vez» o Tolstoi: «El hombre está en lo correcto si cree que en el mundo no hay nadie superior a él; pero se equivoca radicalmente si piensa que en el mundo hay aunque sea un solo hombre por debajo de él» o Gloria Fuertes «Hago una vida extraña» o María Iordanidu «En momentos de una felicidad tan grande, el hombre perdona y es perdonado«.
En la contemplación de nuestra resituación comunitaria es fundamental volver a nuestros clásicos. Y uno de nuestros referentes y maestros es Marco Marchioni.

Es fundamental leer con calma la definición -tan compleja y simple- de lo que supone un proceso comunitario: «proceso de mejora de las condiciones de vida de una comunidad«.

Es fundamental leerle para entender que en el proceso comunitario es necesario partir de lo existente, sumar: «no se plantea una sobreposición de nuevos recursos a los existentes, porque esto sólo llevaría a profundas contradicciones y conflictos potenciales» «todos serán partes del proceso».

El proceso comunitario como un proceso relacional entre la ciudadanía, administraciones y recursos con ese objetivo claro «mejorar las condiciones de vida» y en un proceso que «sólo puede hacerse con el concurso del conjunto de ellos y no puede ser llevada a cabo por uno sólo, sobreponiéndose a todo lo que ya está funcionando«. Y donde uno de los indicadores será precisamente cómo se ha logrado cohesionar, mejorar ese vinculo, esa relación entre ciudadanía, administraciones y profesionales.

O lo que supone la necesidad de relación y participación en los procesos comunitarios. La generación de espacios de participación, formales o informales, generales o temáticos: «Hay muchas formas de participar en la sociedad organizada (…) Todas ellas son aprovechables en el proceso comunitario y, por supuesto, legítimas y deseables. Un proceso comunitario intenta reforzar cada una de ellas y para que cada una de ellas participe, desde su ámbito y su autonomía, en el proyecto colectivo y comunitario«

Necesitamos mediadores en el término planteado por Marchioni. Cada persona, con sus activos, sumando desde lo individual o desde su participación en colectivos. Pero que sumen, que no fragmenten más. La realidad es compleja y el etiquetado lo único que está generando es una multiplicidad de espacios que nos enfrentan y que aunque no nos enfrenten no nos dejan físicamente vernos y reconocernos, muchos espacios y categorías y etiquetas que de primeras nos impiden comenzar a hablar: «Necesitamos muchos mediadores, es decir, personas capaces de recibir de muchas personas; que entienden la necesidad de compartir y no concentrar; que transmiten información y conocimientos y no se los guardan para sí mismos«

El escenario de Europa y del mundo es desalentador. Europa está ardiendo. Y el Planeta está ardiendo. Nos sigue encantando pararnos en las crispaciones que además reconfiguran ese etiquetado de fábrica en el que nos encasillamos ideológicamente (como si uno fuera del Barca y otro del Madrid y no pudiéramos disfrutar del fútbol, porque es cierto ¿ya no podemos disfrutar del futbol? No se trata de disfrutar, se trata de tener razón o peor aún -Tolstoi- de que el otro no la tenga). Y de como las crispaciones sirven para alimentar titulares, que sirven para alimentar debates y que sirven para alimentar preguntas y debates parlamentarios que sirven para enfrentar, rebatir, enfrentar y fragmentar. En este escenario pararse en determinadas crispaciones de un lado o de otro (desde eso que van a quitar el alcohol de los menús o de si la monarquía) es un error grave de omisión o de poner el foco donde no hay que ponerlo ahora mismo. El objetivo de cualquier partido político, de cualquier ideología, de cualquier movimiento asociativo que realmente tenga un proyecto de mejorar las condiciones de vida de las personas que viven en su territorio no tendría que ser buscar la confrontación, la desafección y la crispación sino en bajar a los territorios y generar espacios de formación y educación a la ciudadanía en empatía, en escucha, en respeto, en compasión, en reflexión, en el manejo de conflictos… Desde un lenguaje sencillo, sin autorreferenciarse o buscar evangelización, sin citar a autores que nadie conoce ni cojones que nos importa conocer (sí, amigo cultureta que escribes este blog, cada vez que citas a un autor, pones términos raros y hablas de paradigma estás generando una brecha de conocimiento con algunas personas y esa brecha genera desigualdad y que no construyamos juntos, eso sí tú publicarás). Hablando claro, en un proceso de reflexión ciudadano no partidista y urgente sobre lo que Europa está viviendo y sobre lo que Europa y nuestros hijos y nietos pueden vivir.

Deberíamos estar menos preocupados en tener razón – o en demostrar que tenemos razón- y más preocupados en contestarnos algunas preguntas: ¿Qué podemos hacer cuando no nos pongamos de acuerdo en algo?¿A qué vamos a renunciar para que podamos seguir sumando?¿Qué palabras voy a ser capaz de no pronunciar para aprender palabras de otros?¿Con cuántos que no piensan como yo, que no son de mi «equipo» – pero que realmente sí quieren trabajar en ese objetivo común- estoy trabajando codo a codo para tratar de mejorar las condiciones de vida en las que vivimos todos?

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