Atención Primaria y parques


Leído en el blog de Julio. Del míticu Roberto Sánchez, que además de residente de medicina familiar y comunitaria es traductor de portugués e inspector sanitario de bares de Madrid. Publicado en Siete Días Médicos donde Roberto colabora en la sección de Opinión.

No he encontrado un sitio en el mundo que se parezca tanto a la atención primaria como un parque. Ir al parque es gratis, igual que al médico. Me gusta ver a las madres con los carros, llevando a sus hijos a los columpios como a la revisión del niño sano. Me gusta verlas con las gafas de sol sobre la frente y algún grano todavía de juventud. Me gusta verlas con el chándal y el plumífero, sin maquillar, por las mañanas.

Me gusta ver por las tardes a las abuelas, con las gafas grandes, con las que tienen una visión del mundo amplia. Me gusta oírlas hablar de las pastillas: del segurín y del analapril, con las medias dejándoles marca en la corva. Con el juanete y la artrosis de rodilla. La única prótesis que aceptan sin rechistar es la dental. Me gusta cuando les pides que te enseñen los dientes para explorarles los pares craneales y te dicen que son postizos. Me gusta que se rían aunque se les escape el pis.

Me gusta imaginármelas dándole el bocata de pan bimbo y jamón york, envuelto en film transparente, a sus nietos para merendar. Me gustan los padres que empujan inocentes las sillas de sus hijos sin saber que dentro de poco van a tener que empujar las de sus padres. Me gustan los que se bajan al parque en lo que se acaba de hacer la comida. Los que pasan la mañana jugando a la petanca para no aguantar a la yerna. Los que mean en cualquier rincón por culpa del prostatismo.

Me gustan los jóvenes que sueñan con viajar entre litrona y litrona y que nunca van a ningún lado. En los parques, cada franja horaria y cada día de la semana tienen su público, igual que en la consulta. Me gustan los que corren con una camiseta de coca-cola del mundial del 98, con el menisco hecho trizas, y que no saben si lo hacen porque huyen de la nada o la persiguen. Me hacen gracia los que se monitorizan para correr como los pacientes del hospital.

Me gustan las chicas que besan con lengua y los ojos cerrados, que babean por crecer y que repasan mentalmente los pasos para abrir un profiláctico según les enseñó su médico de cabecera. Me gustan los que hacen el amor entre la maleza. Me gustan los que les espían.

Me gustan los que sacan al perro y fuman porros, porque nunca sé si son perreros porque son porreros o viceversa. Me gusta que los adictos a drogas por vía parenteral tengan un look tan parecido al de Jesucristo, porque de sus padres es el reino de los cielos.

Me gusta ver a personas maduras paseando en pareja y traje en horario de oficina, e imaginarme que aprovechan la hora del recreo para ser adúlteros. Después del pecado que viene en forma de condiloma o chancro yo les pongo la penitencia en forma de indición de ceftriaxona y gramo de azitro. No hay enfermedades más literarias que las ETS.

Me gustan los que comen soledad de menú del día en un banco. Me gustan los que llevan un tupper al que se le sale el líquido y les pone todo perdido. Me gustan los que leen el periódico igual que en la sala de espera. Me gustan los que miran a la ciudad desde los parques como miras a través del oftalmoscopio. Casi besando. Me gustan los místicos que hacen yoga, zen y eso y que te vienen a la consulta (-/h)i(c/s)téricos perdidos a cuenta de los productos del herbolario.

Me gustan los parques porque son la terraza de la sociedad. El jardín del chalet de los pobres. Me gustan porque no tienen reservado el derecho de admisión, porque te dejan entrar en zapatillas y con pendientes. Porque hay fuente. Me gustan porque al igual que la atención primaria son de todos y para todos. Me gusta pensar que a pesar del mundo putrefacto que estamos construyendo, todavía existen parques y centros de salud.

Me gusta ver a los inmigrantes compartiendo los productos de la tierra, con las guitarritas, recordando las viejas canciones con los ojos húmedos. Me enorgullece oírlos hablar con satisfacción de su médico. Me gusta ver a los hijos de los españoles jugando con los hijos de los extranjeros.

No he encontrado un sitio en el mundo que se parezca tanto a la atención primaria como un parque, porque no he encontrado en el mundo algo que se parezca tanto a los parques como la vida.

(con el autor del texto, en un fotograma
del anuncio que grabamos para Tio Pepe)

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