Notas para mi residente: La Consulta


Well you do enough talk
My little hawk, why do you cry?
Tell me what did you learn from the Tillamook burn?
Or the Fourth of July?
We’re all gonna die

Fourth of July. Sufjan Stevens

 

Yo ahora no estoy en esto directamente y sabes que siempre que hablo sobre algo de todo esto lo hago con pudor. Y más que con pudor, como alguien que lo mira desde el otro lado. Como hijo de o como persona-paciente que acude al sistema sanitario (No me gusta decir paciente. Es como lo de ser escritor ¿cuando te conviertes en escritor?¿cuándo escribes un libro?¿vale que el libro lo tengas guardado en un cajón y no lo vaya a leer nunca ni dios?¿o tiene que tener ISBN?¿si tienes ISBN y una editorial ya eres escritor?¿qué código te tienen que codificar o que episodio te deben crear para que te consideren paciente?¿cuánto tiempo te tiene que doler algo?¿sólo eres paciente si vas al sistema sanitario?¿cuenta el miedo o el dolor que no te ha calmado nunca nadie?¿existe un círculo de lectores para pacientes?¿tenemos rangos y categorías y estamos estratificados?¿para qué?).

No me hagas mucho caso y apunta todo esto con reserva y sobre todo a partir de tus propias experiencias. De las de un lado de tu mesa y sobre todo de las veces que estarás al otro lado de la mesa (o la camilla). Estas son cosas tomadas de aquí y de allá. A saber:

En las ocho o diez consultas con el especialista en el hospital, le ha visto siempre un especialista diferente. Al parecer el sistema no permite organizarlo de otra forma (el Sistema, como el Laberinto o como el Infierno de Dante…una entidad mítica con vida propia: El Sistema y sus Esclavos).

Todos miraron de forma pulcra el órgano que le correspondía a su especialidad.
Ninguno miró ningún órgano que no fuera ese y creo que ninguno miró con detenimiento a la persona. Esto es lo más asombroso de todo. Yo diría que nadie lo miró con asombro, con cierto asombro y belleza, con capacidad de sorpresa: tener a alguien enfrente vivo pero agotándose despacito – porque todos lo hacemos claro, más o menos, todos comenzamos a apagarnos a ritmos diferentes desde que entramos por primera vez en una consulta, algunos tardarán noventa años, otros sólo meses, algunos un decenio o dos-  pero sin capacidad de asombro te decía. Acompañar ese proceso es uno de los mayores procesos de belleza que puede tener la humanidad y una de las mayores recompensas para cualquier profesional que acompaña dicho proceso. Supongo ¿verdad?. Ya te digo que yo no estoy ahora ahí y hablo con respeto y pudor sólo desde el otro lado de la mesa.

En ninguno de los casos hubo una pregunta: “Y usted ¿cómo se encuentra?” Miento, en algunos casos sí se preguntó pero creo que sin esperar que la pregunta fuera contestada en profundidad. Me imagino responder: me encuentro con miedo, tengo mucho miedo. Ese miedo de las cuatro de la mañana que no te deja dormir a gusto. 

Entiéndeme. Creo que en casi ninguna de las consultas hubo preguntas abiertas del tipo: ¿Cómo está llevando todo esto?” “¿Qué piensa usted?” Bien mirado, a veces preguntas de este tipo no encajan demasiado en los marcos rígidos donde quizás los profesionales desarrollan su práctica cotidiana. Y mirando un poco más allá a veces estas preguntas ya no encajan tampoco en nuestra vida cotidiana: ¿Cómo te encuentras?¿Qué necesitas?¿En qué puedo ayudarte?¿Tienes miedo? Cojones, yo también, a veces mucho (hace tiempo que quizás dejamos de preguntarno eso). Es decir, no sé muy bien cómo se puede preguntar sobre mis expectativas en todo esto, pero me gustaría que me preguntaran sobre ello.

(Generé mucha empatía hacia ellos y hacia sus no-preguntas. Creo que en muchos casos había miedo. Tenían un miedo profundo. No eran jóvenes como tú pero seguían teniendo miedo de preguntar ciertas cosas. No quiero entrar ahí. Más allá hay dragones)

En alguna de las entrevistas (en una concretamente) el facultativo no levantó la mirada del ordenador. La primera frase fue, sin levantar la mirada del ordenador: “pues esto no va muy bien”. Da para varias tesis de señoritos explicar las consecuencias de esa concatenación de lenguaje no verbal seguida de una frase de cinco letras: “esto no va muy bien”. Y para varias tesis más la importancia de ese “pues” jodidamente delante de todo lo demás. Da para varios artículos en revistas de impacto y congresitos y seminarios de pajas medir el abismo y los dragones que se despiertan después de un silencio épico así, un no saludo, un no levantar la puta vista y un luego decir tecleando: “esto no va muy bien”. Claro que no va muy bien.

Lo que para los que estáis a un lado es una consulta más y son unos minutos, para los que estamos a este lado es como estar puestos de pie al borde de un precipicio. No es tontería, pero llevamos varios días imaginándonos cómo vamos a llegar, qué vamos a decir, qué nos vas a decir, qué palabras tengo que utilizar y cuáles no, qué debería preguntarte. Estoy destripando cada uno de tus movimientos faciales tratando de leer todo lo que dice el papel que no entiendo y me estás explicando. No tengo estudios superiores pero sé que si tuerces la boca así, así, eso por algo que estás tratando de decirme pero que no apareció en cuarto de carrera ni en la pregunta del MIR que repetía Baladrón.

Cada palabra de las que pronuncias – no sé si esto es asignatura en vuestra larga carrera – tiene un sentido profundo para mi: “esto no va bien”, “esto no tiene buena pinta”, “cáncer” o “esto no es nada”o  “son tonterías”.

No basta con que me informes bien. No basta con que me cuentes bien el protocolo. Eso está muy bien y se agradece mucho. De verdad, gracias. Pero falta algo más. El protocolo me lo puede leer cualquier app reconocedor de texto o cualquier teleoperador empático que repita mi nombre amigablemente. La medicina personalizada no es que me leas en orden cronológico bien las analíticas y los puntos de corte y que me cuentes lo que viene después. No sé donde mierdas examinarán de eso, pero esto es fundamental. Falta algo más entre contarte el algoritmo y explicarte la evidencia y cómo tienes que apoyar el dorso de tu mano en mi brazo al comenzar a preguntarme y a escucharme. Escucharme. Escucharme. Triangular eso: el conocimiento profundo científico y cargado de profundo sentido, la evidencia y el dorso de tu mano y la pregunta-respuesta precisa.

El tiempo es fundamental. No tener tiempo es un pecado mortal. De los más mortales que hay. El mayor pecado mortal del Sistema y sus Esclavos.

Os estáis confundiendo con los ordenadores. Oigo más los clicks del ratón que tus palabras o las mías. He hecho un gráfico de tendencias y hay más clicks que palabras tuyas y mías. El Sistema y sus Esclavos nos está confundiendo con los sistemas de información. Todo puede ser más sencillo.

La velocidad de mi tiempo en la consulta como persona a este lado de la mesa no es la misma que tu velocidad en la consulta como profesional al otro lado de la mesa. No soy imbécil (a veces sí lo soy, vamos, quiero decir muchas veces lo soy, sí, vamos) y normalmente comprendo bien órdenes sencillas pero en la consulta lo que dices o lo que me haces va todo muy aprisa. Es difícil comprender todo bien. Sí, debe ser algo de física cuántica, pero mi tiempo y espacio en la consulta no tiene nada que ver muchas veces con tu tiempo y espacio. Desconozco si en biofísica o en bioestadística o en bíocuántica te han enseñado trucos para sincronizar los dos momentos. Los verdaderos profesionales que conozco saben sincronizarlos perfectamente.

La puta y necesaria compasión y desplegar conocimiento diagnóstico y terapéutico y la evidencia. Eso sí, triangular, triangular eso: el conocimiento profundo científico y cargado de profundo sentido, la evidencia y el dorso de tu mano y la pregunta-respuesta precisa. Y la jodida y necesaria compasión.

 

 

 

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7 comentarios sobre “Notas para mi residente: La Consulta

  1. Genial Rafa,como siempre. Hace poco que retome la clínica después de años en otros ámbitos de la medicina y me siento totalmente identificada con tus reflexiones. Gracias por poner palabras a estas situaciones y recordarnos su importancia. Gracias.

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  2. Medicina centrada en la persona, humanización o cómo tratar mejor a las personas enfermas…
    “Ninguno miró ningún órgano que no fuera ese y creo que ninguno miró con detenimiento a la persona.” (…)
    “En ninguno de los casos hubo una pregunta: “Y usted ¿cómo se encuentra?” (…)
    “En alguna de las entrevistas (en una concretamente) el facultativo no levantó la mirada del ordenador.” (…)
    “Cada palabra de las que pronuncias – no sé si esto es asignatura en vuestra larga carrera – tiene un sentido profundo para mi: “esto no va bien”, “esto no tiene buena pinta”, “cáncer” o “esto no es nada” o “son tonterías”. (…)
    “La puta y necesaria compasión y desplegar conocimiento diagnóstico y terapéutico y la evidencia.” (…)
    Sincronizar el tiempo y el espacio de profesionales y personas enfermas, he ahí la cuestión…
    Gracias por este excelente post, Rafa.

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  3. Suscribo totalmente, en especial ahora que estoy al otro lado de la mesa. Reivindico la figura del médico de atención primaria como “el médico” propio, que consulta a los especialistas pero mantiene la coordinación del proceso y la interlocución principal con su paciente; el que lleva la “carpeta” esa que tanto nos pesa, la del conocimiento fragmentado de nosotros mismos, a cachitos, lastrada por el peso de la angustia. Reivindico la figura de la enfermera de AP; la que pregunta cómo te sientes, en qué te puedo ayudar, la que Cuida. Y reivindico el papel de un farmacéutico que aproveche de verdad su conocimiento, no en pretender poner vacunas en su garito sino en valorar y prevenir interacciones medicamentosas. El especialista es especialista, no dios todopoderoso. la atención centrada en el especialista es enormemente cara y poco resolutiva. Hay que invertir en buenos equipos de atención primaria.

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