En la cabecera de Silesia cada ocho horas


 

Uno siempre se queda en algunos momentos de aquellos años en que fue residente. El período aquel se nos queda como una brecha en el hipocampo. Y el tiempo tiene desde entonces una elasticidad extraña. Más que elasticidad, tenacidad. Esa disonancia entre todo lo que ocurrió hace miles de años y parece que no son tantos y viceversa. Esa disonancia entre los cuerpos que ya no son los mismos ni siquiera las ideas o los mundos que los habitaron. Pero sin ser los mismos se van acumulando – ángelgonzalianamente- unos tras otros para llegar a ser el que se es ahora.
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Conocí a Juan Gérvas y a Mercedes Pérez cuando me invitaron a hacer una exposición breve en los seminarios de innovación de atención primaria en el 2008. Grandes años de crecimiento y aprendizajes. Tuve la oportunidad de cenar algo con ellos en la plaza de Santa Ana, en el encuentro causal que se solía hacer el día antes de los seminarios. Paseando, de vuelta por la noche, les preguntaba por el Equipo CESCA. Les comenté que valoraba muy importante todo el trabajo de formación, sensibilización y divulgación que estaban realizando. Les comenté que desde luego que todo eso son formas de “acción” (escuché decir a Joan Carles March hace unos meses que pensar es una forma -y muy importante- de actuar) , pero les preguntaba si no había nadie en CESCA que hubiera trabajado en transformar, desde dentro del sistema, estructuras de la administración, del sistema sanitario. Desde estructuras de poder. Que todos éramos trabajadores públicos pero mucha de nuestra abogacía se hacía desde fuera del sistema.
Me contestaron que sí, que hubo gente que se había dedicado a ello pero que se habían quemado o que no habían salido las cosas como se había pensado.
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Nunca como en este momento de la historia, las generaciones de profesionales de ciencias de la salud que finalizan su formación, habían acumulado tantos terabytes de conocimiento, emociones, habilidades o experiencias. Quizás habría que ser más precisos en detallar qué de cuánto, si los conocimientos superan a las habilidades y qué tipo de conocimientos.
También sería preciso describir qué nos hemos perdido tras estudiar cuatro, cinco, seis años e incorporar ciertos conocimientos. Qué han sacado de sus/nuestras cabezas para meter otras cosas o qué no se ha metido en sus/nuestros corazones para meter otras (el tiempo es tenaz decía y cuando se escribe esto sólo hay décimas de segundo entre la primera vez que entramos en la Urgencia con el pijama y el momento en el que escribo esta última palabra) Qué habilidades sociales no se han incorporado, qué esquinas de barrios no se han tocado, qué conversaciones dejamos aplazadas y qué realidades no miramos de frente (desde una mesa repleta cualquiera decide aplaudir y desde las estanterías repletas de ideas también), qué libros hemos perdido – quizás para siempre- la capacidad de entender… pero con todo, nunca como hasta ahora habíamos tenido profesionales que hubieran leído tanto, visionado tanto, viajado tanto, con capacidad de dominar tantos idiomas, que supieran escribir y hablar tan bien, que hayan crecido en entornos donde las madres y los padres y sus hermanas supieran tanto y viajaran también tanto. Generaciones que han tomado su primer vuelo tan jóvenes y que afortunadamente pronunciaron algunas palabras (heteropatriarcado, longitudinalidad, equidad) tan precozmente.
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La diferencia con aquellos profesionales de hace treinta años es que aquellas fueron construyendo – con aciertos y errores, quiero creer y objetivar y objetivo con certeza que con más aciertos que errores- un modelo y un sistema.
La diferencia es que muchas de las que están en la cabecera de Silesia cada ocho horas, se encuentran con ese sistema. Una casa con imperfecciones y matices, con esquinas rotas, con mucha literatura, con popes, patriarcas y barbudos, con intereses, con pérdidas y con grandes bajas, grietas y enormes melancolías. Pero con grandes aciertos y avances también.
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Cuando pasé de trabajar de médico en Proyecto Hombre a la Consejería de Sanidad en un puesto técnico entendí algunas cuestiones sobre el poder. Lo entendí también la primera vez que me puse una bata blanca y tuve que explicarle a alguien que se moría.
Cuando uno de mis primeros jefes de servicio en Consejería me explicó la responsabilidad de la salud pública hacia los colectivos más excluidos y cómo eso debería tener una traducción presupuestaria -a partir de una valoración técnica – en los presupuestos de una comunidad autónoma, entendí también la importancia del poder.
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¿Somos 3oo y estamos siempre en lo mismo los/las mismos? En las termópilas, en el congreso de activos de granada, en el pacap, en el de no gracias y en el de la cabecera, en los seminarios de juan all around the world, en la escola de menorca, en las plataformas de defensa de…
Me dijo un amigo boliviano hace unos meses al leer uno de los posts de salud comunitaria: “tienes que hablar más clarito Rafa, para que te puedan entender los compañeros de acá
No se nos entiende a veces.
Hay que sumar.
No podemos hacer espacios de reflexión donde todo el mundo cabecea y dice amén, amén y viva fucol! Necesitamos espacios con aristas para sumar con diferentes.
Hay que hablar más claro y que se nos entienda. Aprender a perder palabras para ganar (las de) otras y sumar.
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Lo que está pasando en la cabecera de Silesia cada 8 horas ya son afortunadamente asuntos relacionados con el poder y con el empoderamiento (y lo voy a decir aunque me fulmine Coixet). Como era empoderamiento cuando me cuentan como había que poner sillas en las consultas de primaria porque muchos profesionales de las viejas hornadas las sacaban porque no querían que los pacientes se sentaran. Como posiblemente lo fueron las primeras sociedades científicas. Y quizás también aquellos primeros congresos.
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Lo que está pasando en la cabecera de Silesia cada 8 horas, tiene que ver mucho con el poder, pero espero también ver a muchas de ellas en estructuras de poder en la administración y en los servicios públicos (sonrío mucho mirando a Granada, Vicky). En aquellos espacios donde puedan producirse cambios estructurales y profundos. Desde otros sitios también, cierto, pero sobre todo desde ahí. Porque algunas cuestiones que consideramos prioritarias sólo serán prioritarias en el momento que alguien tome decisiones de liderazgo y presupuestarias.  Habrá que narrarlas desde los manuales del martín zurro y de los blogs o desde la paperología pero sobre todo hace falta en cargos de poder tomando decisiones de liderazgo y presupuestarias.
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El tiempo es tenaz y dulce. Es perfecto esto de aprender de las generaciones que ya estaban y de las que han llegado. Sentarse en un buen bordillo a mirar y aprender de todas ellas.
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La responsabilidad que tenéis todas aquellas que estáis en la cabecera de silesia cada ocho horas es enorme. Terabytes de responsabilidad y compromiso. Y comprensión, comprensión y mucha paciencia con vuestros mayores 🙂

‘There was a child went forth every day’
https://www.instagram.com/rcofinof/
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Un comentario sobre “En la cabecera de Silesia cada ocho horas

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